Como parte de las experiencias del Noviciado; nosotras, Celina y Crystal tuvimos nuestra experiencia apostólica desde 15 de Julio al 15 de Septiembre del 2018 en La Plata, Buenos Aires (Celina) y Monterrico, Jujuy (Crystal). En esta experiencia, participamos en la vida de nuestros colegios, acompañando a los alumnos y jóvenes que tienen deseos de servir a Dios de una manera especial. También acompañamos los barrios en los lugares respectivos donde hicimos nuestra experiencia.

Para nosotras, fue una experiencia muy significativa,  llena de gracia de Dios,  que nos permitió experimentar cómo vivir y sentirnos como una Hija de Jesús a través del servicio y en la vida cotidiana y cómo enfrentar los desafíos en el seguimiento de Jesús. También nos ayudó a adaptarnos al ritmo de una comunidad en misión apostólica y a vivir con otras hermanas y  con otras personas. Dios nos abrió los ojos y el corazón para colaborar con Él, deseando servir  con recta intención desde lo mejor de nuestro corazón.

Aprendimos en lo concreto de la comunidad, la escuela o el barrio, a vivir la misión en beneficio de los demás y a mayor gloria de Dios.  Como en la experiencia de nuestra Madre Cándida enfrentando nuestros miedos amparándonos en la gracia de Dios, y de este modo  "salir de nuestro propio amor, querer e interés" y ofrecernos para lo que se necesite allí donde fuimos enviadas. Solíamos sentirnos como una iglesia en salida que colabora en la misión de construir el Reino de Dios.

Todas las experiencias y el servicio que realizamos fue una gracia y un regalo de Dios que nos moldeó poco a poco en nuestra vocación. Dios había plantado semillas a través de esta experiencia y cultivó nuestro corazón como una preparación para convertirnos en una Hija de Jesús. Nos anima a continuar perseverando en este don de la vocación que Dios nos ha dado.

Agradecemos a todas las personas que nos acompañaron con sus oraciones especialmente a las hermanas de la comunidad en donde hicimos nuestra experiencia que nos sostuvo con la gracia que viene de Dios. Sí, solíamos estar cansadas, pero todo vale la pena cuando se ofrece para un servicio que busca el bien de la otra persona, para que también tengan esa experiencia de Jesús como Padre, amigo y compañero de camino.

Jesús es quien mueve nuestros pasos y nos invita a decirle que sí, es un gran tesoro y bien de nuestra vida, un bien que recibimos gratuitamente de Dios Padre, un bien del cual no somos dueñas, es de Dios, y lo que hay de Él en nuestro corazón es lo que deseamos compartir.

 

0
0
0
s2sdefault