Momentos antes del inicio de la celebración del Rosarillo, en Valladolid, hablamos con Mª Inez Furtado. Superiora General de las Hijas de Jesús.

Celebramos los 150 años del Rosarillo, ¿qué importancia tiene esta celebración para las Hijas de Jesús?

Esta celebración trae a la Congregación memoria. Y la memoria es muy importante. Nosotras segumos un carisma que es de la Madre Cándida y, por lo tanto, hay que hacer memoria continua. Para poder renovarlo, para poder descubrir las nuevas potencialidades de este carisma. Entonces, esta memoria, que trae consigo un encuentro de mucha gente que está sensibilizada por este carisma, es importantísima. Nos alimenta, nos da fuerza, nos trae vida.

A nivel personal, qué significa o ha significado el Rosarillo para ti. Tiene un cierto peso específico en tu vocación, ¿no es así?

EL Rosarillo para mí fue una experiencia importante, fue un Kairós, un momento de gracia. No es indiferente para mí, es algo que marcó mi vida.

A veces parece que los momentos fundantes o de Kairós, como tú dices, son cosas del pasado que ya no ocurren. ¿El espíritu sigue aportando estos momentos hoy?

Creo que sí. Lo creo con mucha fuerza. El Espíritu lo llevo aquí [se señala un pin con forma de paloma] y aquí está. Yo siempre digo que durante este tiempo que he servido a la Congregación, y lo decía un poco de broma, pero es verdad, que quería ser “Secretaria del Espíritu”. Creo que el Espíritu está actuando. Lo veo y lo toco. Es así. Yo soy una admiradora del Espíritu y creo que nuestro día a día está mucho más invadida por el Espíritu que por cualquier otra cosa que parecen mucho mayores.

A veces pensamos que son mayores nuestras dificultades, nuestros pecados, nuestras infidelidades… ¡esto no es verdad! Pero se nos puede colar esta imagen. El Espíritu hace menos ruido. Yo lo creo así, no porque lo haya aprendido así, sino porque lo he experimentado en mi piel.

¿En qué cosas concretas sientes al Espíritu impulsando a las Hijas de Jesús y a los que caminamos con vosotras?

Por los sustos que nos da. El Espíritu nos sorprende, nos da sustos. Al principio, lo que Él dice nos asusta, nos incomoda. A veces, somos contrarios a lo novedoso que nos trae.

Lo del Espíritu es siempre nuevo. Y cuando lo nuevo nos abre a los demás, seguro que es del Espíritu. Si te encierra en ti mismo, no es del Espíritu, ¡Así de claro! Así es el Amor, el Espíritu de Jesucristo. El carisma de Madre Cándida tiene esto muy vivo.

Celebramos 150 años: mucho camino, apertura al Espíritu, con las cosas que hemos hecho bien y las que nos han costado más. ¿Qué le pedirías, que te gustaría, qué soñarías para la Congregación, las Hijas de Jesús, los laicos y, en último término, también para la Iglesia?

Que pudiéramos recordar cada día que somos hijos, hijos queridos, amados. Y somos hijos para ser hermanos, hermanos de todos. Este camino solo es posible con Jesús. No es magia, no es algo que te viene con el bautismo, es algo que está prometido. Y toda promesa de Dios es desde el principio.

Que tomemos más conciencia de lo que significa ser hijo y hermano y, por lo tanto, apasionarnos más por el plan de Dios, en el mundo entero. Porque ponemos pasiones en muchas cosas y nos olvidamos de eso que nos da la Vida. Y que confiemos en el Espíritu que está ahí.

¡Así que, que vivamos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu! Esto es lo que deseo.

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