Una nueva luz se proyecta sobre el pasado y anima el presente de la vida de los cristianos. La Resurrección, tanto para ellos como para nosotras hoy, es volver a vivir sin miedo, es recibir la fuerza de Espíritu Santo, abrir las puertas y anunciar la buena noticia. Es tener ojos nuevos y saber que ÉL está en medio de nosotras. Una Congregación General es siempre una hora de gracia, oportunidad de un nuevo acercamiento al plan del Padre, y tiene como fin ayudar a que se escriban en nuestra historia nuevas páginas de fidelidad a la llamada de ser Hijas de Jesús.       

Con estas palabras comenzábamos la Eucaristía de apertura de la CG XVIII, presidida por Antonio Guillén, SJ. las 35 congregadas acompañadas por las hermanas de la curia. Así comenzábamos este tiempo especial a la luz de la Resurrección.

Y tras la Eucaristía, la primera sesión, en la que tras la lectura de algunos números de CFI y DNC además del Reglamento de la CG, hemos dado paso a la relación nominal de todas las presentes. Después de lo cual la Superiora General ha declarado que la Congregación General es plena y legítima y queda abierta.

En dicha sesión Mª Inez Furtado de Mendonça ha dirigido unas palabras a la Asamblea instando a activar al máximo la fidelidad y el amor que Dios nos brinda a cada instante. Ha hecho memoria del camino que se inició hace un año y en el que la entera congregación nos hemos ido preparando para este momento, y en el que nos hemos ido preguntando: ¿A qué nos llamas ahora, Señor?

Iniciada ya la CG pedimos estar abiertas a la voz del Espíritu, sabiendo que tenemos a María como Estrella de nuestros caminos y que la Madre Cándida y tantas Hijas de Jesús que nos han precedido, interceden por nosotras en esta hora congregacional.

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