“Aunque parezca que el mal va ganando la partida…,
yo sé Señor, que el bien tiene la última palabra”.

En tiempos como estos que nos ha correspondido vivir con la pandemia del COVID-19 y en el que corren tanto las informaciones como la desinformación, que se viraliza y atemoriza por la asombrosa velocidad y rapidez de las comunicaciones, nuestros corazones son tocados por unas y tantas noticias que nos van llegando desde los más diversos rincones del planeta… Además de protegernos por cuidado personal y bien de los demás, lo que está bien y es muy necesario, surge entonces el deseo del bien y la pregunta de ¿qué puedo o podemos hacer para ayudar a mitigar en algo este drama? Para quienes somos creyentes, la pregunta clave es: ¿y a qué nos sentimos llamados por Dios en esta circunstancia?,

El ser humano es capaz de todo, de lo más grande y de lo más ruin también como reafirma la canción “Dentro de mí hay un bien y un mal”, venía viviendo en esta parte de la historia mundial una carrera sin freno, por cuanto impone ese “Capitalismo Salvaje”, por conquistar el mundo en sus más diversas dimensiones; incluso, a costa de la vida del planeta y de los mismos hermanos que se nos han dado por humanidad. De pronto, se topa con esta situación que, aunque parecía algo lejana nos va llegando a todos y hoy, nos está obligando a escuchar ese “detente” para actuar con coraje, para pensar, repensarreflexionar desde lo más profundo y esencial del ser humano y, apuntarle a la construcción de una nueva sociedad. En esa loca carrera y sin sentido, imposible continuar.

Cuando nos quisimos dar cuenta, este “desconocido y mutante virus” estaba a nuestras puertas. Contagiando a muchos, arrebatando la vida a otros tantos, galopando de un país a otro… Alguien expresaba por las redes sociales, donde tanta información se viraliza, cómo se había sentido bastante inútil viendo las noticias y, al mismo tiempo, enterándose de tantos gestos de bondad que iban apareciendo y se fue moviendo al bien con una pequeña iniciativa… Quizá, ¿usted también esté con un sentimiento similar? Veamos que sí podemos hacer algo al respecto.

Muchas iniciativas de bien se suscitan. Con cuánta admiración y ejemplaridad hemos recibido la noticia del sacerdote de 72 años de Bérgamo, en Italia, contagiado por el virus quien, en un gesto oblativo de bondad, renunció a su respirador para que le fuera ofrecido a una persona de menor edad. Había vivido más años. Su rostro sereno dibujado con esa honda sonrisa es la imagen que nos queda, después de su muerte. Un sacerdote verdaderamente bueno. Esa entrega total y generosas del personal de la salud y de limpiezas en todos los lugares, incluso dando sus vidas también, muchos de ellos…, empezando por el médico chino que anunció la presencia del virus y tan injustamente tratado por el gobierno de su país. Las religiosas de clausura que se pusieron a elaborar mascarillas, al igual que una sencilla señora española con su hija. Los científicos trabajando horas y horas en busca de vacunas y de encontrar el modo de detener este contagio y de prevenirlo. En fin…

Tantos gestos también del Papa Francisco en todo este tiempo que llevamos de pandemia, recordándonos que “de esto solo podemos salir juntos”. La emotiva oración por toda la humanidad y la bendición “Urbi et Orbi” que nos dio el día 27 de marzo, en especial para los contagiados del coronavirus, el personal de salud…, cuyo recuerdo pasará a la historia y quedará hondamente grabado en nuestros corazones.

Esto y muchísimos más gestos visibles y quizá otros muchos en el silencio cotidiano, aún en medio de noticias desalentadoras, nos llevan a pensar realmente en bondad, amor y solidaridad. Qué oportuno que sigamos despertando esa bondad que nos habita y que, no es otra que la presencia del Espíritu del Bien en cada rayo de su luz, como lo es toda criatura.

Superado este momento e incluso todavía antes, podemos seguir ofreciendo bondad, dejando de lado tanto egoísmo, renunciando a afecciones desordenadas, siendo muy prudentes en nuestros comentarios, ofreciendo una mano compasiva como nos lo decía el Papa, en esa conmovedora oración por la humanidad toda. "Si solamente una persona se siente menos sola o aislada al enfrentarse a esta pandemia, entonces yo me sentiré mejor al respecto”.

Demos paso a la creatividad del amor con la que podemos expresar esa característica divina de la Bondad. Pidamos a Dios despierte en todos nosotros esa confianza plena en su Bondad para que, viendo cómo entregas generosas y valientes, que sin duda se seguirán suscitando –porque la crisis se va agudizando más y más a medida que pasan los días-, nos animen a aportar ese grano de arena de bondad, pequeño o grande, no importa. Pero que sea el nuestro.

“Viralicemos la bondad”. Así, “Venceremos al mal”, como nos lo dice el apóstol Pablo, “A fuerza de bien y de bondad”. Acudamos también a la bondad de María, la madre enormemente buena. Que Ella, nos ponga muy cerca de su Hijo Jesús, la Bondad plena y “Quien pasó por el mundo haciendo el bien”.

Teresa Ramírez FI
Casa de Bogotá, Comunidad de Colombia
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WHO WE ARE

We are a group of women consecrated to God who have come by different paths. We live in community and move through 19 countries, wherever the needs of persons are greater.

DAUGHTERS OF JESUS

We want to follow Jesus, responding thus to a call that changed our lives and that has been transforming our way of understanding all reality. Today, being “Daughters of Jesus” is to be with Him, to contemplate life with His gaze, to try to live as He lived, to treat people as He did, to listen, to forgive and to lift people as He did, to seek with passion, like Him, so that what God wants for this world, his dream for all humanity, may be fulfilled. Our religious family feels especially called to live in a filial attitude toward God as Father, characterized by trust, confidence in his unconditional love, and praise. That face of God that we contemplate invites us to fraternity with everyone, to gratuitousness, simplicity and joy.
Organization

SAINT CANDIDA MARIA DE JESUS

She is our Foundress, a woman who relied totally on God from her sensitivity to the most needy. It was in Salamanca, on December 8, 1871, when, with five other women, her adventure began with nothing more than the trust born of the knowledge that what one undertakes is “what God wants”. In this manner and with the name of Candida Maria de Jesus, this woman of scant education and scarce material means founded the Congregation of the Daughters of Jesus in one of the most important university cities of the 19th century, in Salamanca. The exclusion of women and the economically weaker classes from the fields of education moved Mother Candida to begin this path.

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