Estoy haciendo intentos de aprender un nuevo calendario: día 63 del confinamiento de 2020, Fase 0,5, en Madrid; antes lo teníamos muy fácil: una hora menos en Canarias y todo lo demás era lo mismo pero ahora ¿quién sabe los ritmos de cada Autonomía? ¿qué se permite en cada Fase? ¿cuándo y cómo pasamos a la siguiente? Si nos portamos bien, si somos responsables, si mantenemos los metros de distancia social, si somos escrupulosos en lavarnos las manos y usamos guantes y mascarillas, si… vamos incorporando la normativa exigente y minuciosa para ir avanzando en el ritmo de las fases y llegar, en el proceso de desescalada a una “nueva normalidad”.

Pero se sigue hablando de alargar el estado de alarma unas semanas más, mientras se va sucediendo el baile de las fases y estas noticias no son agradables, se nos sigue pidiendo un confinamiento que parece no tener fin. Pero llegará, un poco más de paciencia para no empeorar la salud personal y colectiva por precipitarnos.

Además de calendario nuevo también aprendemos mucho vocabulario, la Real Academia de la Lengua no puede incorporarlo tan deprisa, pero ya está en la calle: confinamiento ¿suena mejor que encierro o encerrona?, escalada, desescalada, nueva normalidad, cuarentena, estado de alarma… y me pregunto ¿qué será la nueva normalidad? ¿volver a la norma? ¿de otra manera? ¿y cómo será esa novedad?.

No. No veo que volvamos a lo de siempre; pero quizá es que no nos hemos metido a fondo en esta realidad, y si no hemos entrado no podemos salir, continuarán pasando los días y semanas y meses y seguiremos lo mismo. Pero si estamos viviendo a fondo este retiro forzoso, si aprovechamos cada día para atravesar la incertidumbre, para desinstalar los miedos, para despertar la solidaridad ante tanto dolor, para dejarnos afectar, para asumir la propia debilidad y la ajena, para aprender humildad y rebajar tanta autosuficiencia que nos hace creernos todopoderosos… todo será distinto.

Ojalá que aprendamos lecciones, como individuos y como sociedades, de esta etapa histórica, tan global, tan paralizante, que nos ha igualado atravesando fronteras, que ha detenido nuestro ritmo vertiginoso, que nos ha alertado de cómo y cuánto estábamos maltratando la “casa común”; el planeta ha recuperado un aire limpio, vemos el horizonte con nitidez, el cielo azul intenso, la luminosidad sin nieblas contaminantes. ¿Podremos mantenerlo así?.

Comenzamos a salir, se reprende la vida, el movimiento, poco a poco, y estamos sometidos a la prueba de nuestra ciudadanía, de vivir en sociedad que habla de bien común no de miradas individuales. Y se van despertando los deseos, los proyectos, los sueños: re-encontrarnos, poder abrazarnos, estar juntos sin separación, volver a las relaciones espontáneas… y mientras esto llega, mantener la esperanza que sostiene esos deseos, permanecer con la mayor serenidad de que seamos capaces, se convierte en un gran desafío. Pero no impidamos que surjan las preguntas hondas: ¿qué sentido tiene esto? ¿a dónde nos lleva? ¿a qué cambios somos invitadas? ¿cómo quiero vivir lo esencial y lo relativo, lo importante y lo urgente, lo que me da sentido de verdad o solamente en apariencia?: trabajo, dinero, familia, amistades, poder, espiritualidad, consumo, trascendencia, comunidad…

He vivido algunas cosas esta semana que me han ayudado mucho en este momento de la cuarentena: encuentro de enlaces de la Familia M. Cándida, en nuestra provincia de España-Italia, para retomar el camino iniciado, para vernos después de un tiempo de ausencia obligada, para disponernos a nuestra fiesta el próximo 31 de mayo. Ver que el carisma de nuestra Fundadora se amplía y crece en la iglesia y en el mundo, siempre es consolador.

Y también pude participar en un encuentro con compañeros y compañeras de Fe y Alegría de varios países, dedicados al servicio de la pastoral en nuestros lugares para sumarnos e intercambiar proyectos y materiales, en función de nuestras escuelas ahora que tantas dificultades encontramos en el camino, pero la pasión que nos habita es muy fuerte y nos reforzamos en los sueños para continuar con la esperanza que nos deja de habitarnos.

Y sigo también otros espacios como “Re-imaginar la vida religiosa del futuro” que ofrece desde Roma la Unión Internacional de Superioras Generales, (UISG) referidos a EE.UU y Caribe y también a Europa. Hay coincidencias en que debemos unirnos más que nunca para afrontar esta crisis juntas, que las tecnologías nos ayudan y tenemos que prepararnos y aprender porque las vamos a necesitar cada día más. Y que no podemos prescindir del mundo de las redes sociales y de la comunicación.

Y estamos ya celebrando la semana de la Laudato Si' y en palabras del Papa Francisco se trata de “una campaña global en ocasión del 5º aniversario de la encíclica. Porque el clamor de la Tierra y el clamor de los pobres no dan más de sí”. En esta pandemia la tierra está afectada, pero sobre todo los pobres, quienes menos recursos tienen sufren con mayor virulencia las consecuencias de este virus que se propaga sin detenerse. 

Seguimos confiando en la entrega abnegada del mundo sanitario, de tantas personas que en diversos servicios, casi siempre con riesgo extremo de la vida propia, no miran por si sino por salvar vidas ajenas. Y continuamos sostenidos en la oración, reflexiva y silenciosa, hecha entrega y compromiso desde donde estamos y para que a la pregunta “¿qué has hecho de tu hermano?” podamos tener una respuesta coherente. Sin mirar para otro lado.

María Luisa Berzosa, FI
Entrevías-Madrid
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