LA CUARENTENA: ESPACIO, TIEMPO DE OPORTUNIDAD, DE ESCUCHA A DIOS EN LOS HERMANO/AS

Esta Cuarentena nos ayudó a sentirnos convocadas a una misión en equipo, coordinando con varias Instituciones: CEIL, Iglesia (Obispo). Parroquias, Vicaría, Alcaldía, exalumnos, familias, directores, profesores y otros.

Nos permitió hacer realidad el sueño que nos propusimos al hacer nuestro proyecto de vida en común: Escucharnos, Clarificarnos y Comprometernos testimoniado la fe en las obras. 

Con estas mociones latentes quisimos plasmarlo estos dos meses y nos organizamos como comunidad:

Liturgia, retiro. Oración, limpieza hacer la comida, ir por las compras, se ofreció la Hermana más joven por el cuidado de las demás. También por las tardes sacamos dos horas para diferentes actividades y compartir: mirar nuestra historia personal a través de fotografías, lecturas, repostería, juegos recreativos, películas, vísperas, oración comunitaria.

Para Crecer en el buen ser de la Congregación y el trabajo con otros se construyeron equipos de servicio en las comunidades con gente voluntaria para elaborar los almuerzos solidarios de las OLLAS COMUNES.

Teniendo en cuenta los riesgos nos abandonamos en las benditas Manos de Dios y de María de Nazaret, nos lanzamos a mirar, escuchar, la situación de muchas familias que no tenían para su subsistencia diaria, vimos que con la bolsa de algunos alimentos no era suficiente. Volvimos a replantearnos el hecho, hablamos con algunas familias de diferentes barrios quienes aceptaron la propuesta de hacer olla común, nosotras le entregábamos los alimentos que nos iban llegando de las donaciones. Teniendo como intercesora a la Madre Cándida según ella vivió confiando siempre en la Divina Providencia.

Se empezó con una convocatoria desde la CEIL coordinada por la Hermana Susana Guzmán quien motivó a la solidaridad a exalumnos, directores, docentes, familias que quisieran hacer llegar sus aportes: alimentos, dinero para comprar lo necesario...

Se pudo coordinar con los barrios: Isla del Palmar- Capilla Madre Cándida, Plan 4000- Barrio Tiluchi, San Pedro del Palmar. Destacamos la disponibilidad de la Señoras: Elena Guarachi, Elisa Pinto, Teresa Veizaga y Milthon Alavi (quien hizo de chófer para recoger las donaciones) dieron su tiempo sin límites para desarrollar dichas actividades.

El P. Flavio Méndez trabajó coordinando como representante de la parroquia y de la Vicaría San Pedro; el P. Raúl, párroco de la Santa Cruz, colaboró con muchas donaciones. 

La Alcaldía se hizo presente en varias oportunidades con víveres de primera necesidad.

Todo fue administrado por nosotras, se distribuía según las necesidades. Se elaboraron alrededor de 800 platos diarios.

Gracias a la solidaridad de tanta gente se pudo dar de comer durante dos meses a muchas familias de escasos recursos, quienes agradecieron infinitamente el pan de cada día.

Nuestra actitud era estar pendiente, alerta, vigilante, para que no faltara nada.

 

El desafío fue grande, nuestras fuerzas, nuestra fe, fueron colocadas a prueba, la buena voluntad va junto al aprendizaje. Sabemos que al terminar la cuarentena, insertarse al trabajo y a las actividades cotidianas estará llena de riesgos, posiblemente habrá más contagiados, más dolor, más ansiedad, pero no podemos vivir eternamente encerrados. Tendremos que aprender a convivir con el virus. Este tiempo ha sido un ensayo. Ahora es protegernos, cuidarnos unos a otros. Confiando que Dios su Madre y la Madre Cándida nos protegerá, las saludamos con mucho cariño desde Santa Cruz.

 

Hijas de Jesús de Santa Cruz de la Sierra - Bolivia

 

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