El viernes 23 de octubre nos visitaron las hermanas de la Consolata que viven en Vilacaya. Pensamos que sería bueno ir con ellas y pasar allí el fin de semana. Teníamos en la cabeza compartir con las hermanas este tiempo y ayudar en algo en la casa de acogida de niños y jóvenes que allí hay.

La experiencia que tuvimos Feli y yo en la comunidad de Vilacaya, específicamente en la casa de acogida, con los jóvenes, niños y educadoras, ha sido muy enriquecedora, para ellos y también para nosotras.

Los niños y jóvenes han disfrutado trabajando en una pequeña huerta que entre todos diseñamos. La casa de acogida tiene espacio su suficiente y los niños se sintieron felices y animados con este proyecto. La mayoría proceden del campo, pudimos constatar cómo revivían lo que ellos siempre habían hecho, experiencias que habían vivido.

Estaban bien organizados por grupos, acogían alegres todo lo que se les decía y lo realizaban con amor y con mucho detalle. Esto se notó en la mayoría de los niños. Por ejemplo, unos fueron a cortar la cañas, otros traer el abono, otros hacer el empedrado, otros remover la tierra y preparar para la siembra. Todos estaban implicados en todo y sentían que lo que hacían era de ellos y para ellos. Les quedó la tarea de seguir cuidando y amando la tierra, la casa común, y hacer entre todos su entorno más bonito.

La caña que hemos cortado era para trenzar y hacer cerco para el jardín; el empedrado para que entre la volqueta; y el abono para mezclar con la tierra y sembrar.

También hemos jugado y reído con ellos y las educadoras. Nos hicieron algunas preguntas, le preguntaron a Feli cuántos años tenía, ella respondió 84, la respuesta del niño fue de lo más espontanea, ¡y… todavía vives! Puede que en su entorno la gente no llegue a esa edad y menos con la vitalidad de Feli.

Junto a todo esto, estaba lo más importante: escuchar, conversar, crear lazos, compartir… hacerles sentir importantes, capaces, junto a personas que les daban cariño y seguridad.

Fue una experiencia hermosa por la que damos gracias a Dios y a las hermanas de la Consolata que posibilitaron esta experiencia intercongregacional.

Hna. Basilia Colque FI
Potosí – Bolivia

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