Con esta celebración eucarística hemos dado inicio al Año Jubilar que nos conduce a la celebración de los 150 años de vida del Instituto en la Iglesia y en el mundo. Agradezco a las Hijas de Jesús de Salamanca, que allí presentes, nos representan a todas las que estamos dispersas por el mundo, a la gran Familia Madre Cándida y educadores que tiene rostro en los laicos que hoy se encuentran en ese lugar, y a todos los que, desde distintos lugares del mundo, estamos conectados para seguir esta celebración virtual y hacer un vínculo de unión universal.

Deseo subrayar cuatro aspectos que me gustaría tener muy presentes a lo largo de este año de gracia.

- Ser agradecidos… Nuestra Madre Fundadora lo ha sido siempre, aún en medio de circunstancias muy adversas que le tocaron vivir en los inicios de la Congregación: “Bendito sea Dios que tanto nos quiere”. “Seámosle, pues, agradecidas y démosle gracias por tan grandes regalos”, “Que seamos muy agradecidas a tantos beneficios como el Señor nos hace”. Son algunas expresiones de sus cartas que nos muestran su corazón agradecido a Dios, a las personas con las que convivía y a las personas con las que se relacionaba en los diversos avatares de su vida.

- Cuidar unos de otros… La Madre Cándida no usó esta expresión, pero sí la hizo vida. La refleja en una carta cuando dice: “Bajo la divina providencia estamos, y, Dios, como Padre bondadoso, vela por nosotras”. Ese cuidado del Padre bueno la lleva a manifestar la bondad de Dios que a todos hace hermanos. Una manera propicia de hacer vivo este carisma es el cuidado de la entera creación, de las personas y de las relaciones entre unos y otros.

- Vivir en esperanza… “Está puesta en las manos de Dios nuestra causa. Somos Hijas de Jesús. Él nos defenderá de todo mal. Esta es nuestra esperanza y no quedaremos confundidas”. La Madre Cándida comparte su honda experiencia de esperanza con sus hermanas, sus hijas. Este regalo de Dios lo expresa con sencillez es su modo de vivir el evangelio. Hoy sabemos que su experiencia ilumina a muchos laicos quienes descubren en ella una inspiración para vivir y profundizar su fe. Esperanza en aquello que no vemos ni tenemos hoy, esperanza que va de la mano de la fe, esperanza que nos hace pensar que algo bueno, siempre vendrá mañana. Esperanza que reconoce que este mundo tiene mucha bondad de la que somos parte y de la que tenemos que llevar unos a otros.

- Tener siempre un horizonte universal: Me expresa mucho la frase de la Madre Cándida “El mundo es pequeño para mis deseos”. El mundo, la casa común, la aldea global. Ensanchar siempre el espacio de nuestra tienda, somos un Cuerpo universal y nos convoca un carisma universal, donde hay lugar para todos.

Que en este día podamos experimentar que María es la Madre que nunca abandona a sus hijos. Desde la figura de María brota una luz: la luz de Cristo, de su misterio Pascual, que es la que alumbra la esperanza a todos los que transitamos este incierto tiempo de pandemia.

Dejemos que María, la Virgen Inmaculada, nos diga a cada una: Quiero entrar en tu casa para llevarte la luz de la Esperanza, que no es otra sino mi Hijo Jesús. Quiero entrar en tu vida y enseñarte cada día, particularmente, en este año jubilar, a ser verdadera Hija de Jesús.

Graciela Francovig - Superiora General

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