Hay un tiempo en que es conveniente descansar y cuando se da esa oportunidad la aprovechamos. Esta ha sido la experiencia de muchas hermanas y comunidades durante el primer mes del año en América Andina y Brasil-Caribe.

En América, enero es un mes de reencuentro de hermanas, visita a la familia, ejercicios espirituales, descanso personal y comunitario y, para algunas, también una experiencia de misión desde la pastoral de ejercicios espirituales o afines.

“Detenerse para recuperar el gozo” es uno de los puntos centrales del libro “Claves para vivir en plenitud” (Víctor Manuel Fernández, 2003). ¿Cuál es nuestro modo de detenernos y recuperar el gozo? Nos hemos detenido en vacaciones y ejercicios espirituales para recuperar el gozo y lo hemos hecho de diferentes maneras.

Rumiando entre las cartas de Madre Cándida encontramos dos menciones al descanso. La primera en la carta [128] donde la Madre escribe: …siento que tengan tan pocos días de descanso; pero los que sean, vayan a Peñaranda…y que los pasen cuidándose muy bien y paseando todos los días. La segunda mención aparece en la carta [224] Las Hermanas, que tengan descanso cuando lo crea conveniente.

El descanso conveniente y bien aprovechado nos dispone a detenernos para contemplar de otro modo lo que nos rodea y las experiencias internas que guardamos del año que hemos dejado atrás. El gozo nos conecta con esa frase propia de la espiritualidad ignaciana sobre sentir y gustar internamente todo aquello que vivenciamos. Y así, la vida no se nos pasa de largo, porque vamos sintiendo con ella y gozando del camino. 

Gozamos porque vamos aprendiendo a vivir y lo pedimos como gracia. El Señor, a su tiempo, nos muestra el camino, nos consuela, anima y fortalece. Jesús, que se detiene con nosotras, nos ayuda a tener una mirada de fe. Es así que ahora, en este mes de febrero que iniciamos, volveremos a lo “habitual” renovadas en la confianza y en el gozo de la vida.

Gracias, Señor, por reglarnos un tiempo de descanso. Ha sido conveniente y lo hemos aprovechado.

 

Celina García - Juniora FI (Córdoba, Argentina)

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WHO WE ARE

We are a group of women consecrated to God who have come by different paths. We live in community and move through 19 countries, wherever the needs of persons are greater.

DAUGHTERS OF JESUS

We want to follow Jesus, responding thus to a call that changed our lives and that has been transforming our way of understanding all reality. Today, being “Daughters of Jesus” is to be with Him, to contemplate life with His gaze, to try to live as He lived, to treat people as He did, to listen, to forgive and to lift people as He did, to seek with passion, like Him, so that what God wants for this world, his dream for all humanity, may be fulfilled. Our religious family feels especially called to live in a filial attitude toward God as Father, characterized by trust, confidence in his unconditional love, and praise. That face of God that we contemplate invites us to fraternity with everyone, to gratuitousness, simplicity and joy.
Organization

SAINT CANDIDA MARIA DE JESUS

She is our Foundress, a woman who relied totally on God from her sensitivity to the most needy. It was in Salamanca, on December 8, 1871, when, with five other women, her adventure began with nothing more than the trust born of the knowledge that what one undertakes is “what God wants”. In this manner and with the name of Candida Maria de Jesus, this woman of scant education and scarce material means founded the Congregation of the Daughters of Jesus in one of the most important university cities of the 19th century, in Salamanca. The exclusion of women and the economically weaker classes from the fields of education moved Mother Candida to begin this path.

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