Tres fechas nos ayudan a comprender la fiesta que celebramos hoy: 1847, 1886 y 1955.

- Pío IX en 1847 estableció para la Iglesia universal la fiesta de San José como patrono de los trabajadores fijándola par el tercer domingo de Pascua.

- El 1 de mayo de 1886, la huelga de trabajadores de Chicago marcará un antes y un después en la lucha de las clases obreras por unas condiciones laborales dignas.

- En 1955Pío XII  cambió la fiesta del patrono de los trabajadores al 1 de mayo con el título de San José Obrero.

El pasado 19 de marzo nos hacíamos eco de la carta apostólica Patris Corde  que el Papa Francisco escribió el 8 de diciembre de 2020, coincidiendo con el 150º aniversario de la declaración de San José como patrono de la Iglesia universal por Pío IX. Allí nos habla de él como Padre trabajador y dice así:

Un aspecto que caracteriza a san José y que se ha destacado desde la época de la primera encíclica social, la Rerum novarum de León XIII, es su relación con el trabajo. San José era un carpintero que trabajaba honestamente para asegurar el sustento de su familia. De él, Jesús aprendió el valor, la dignidad y la alegría de lo que significa comer el pan que es fruto del propio trabajo.

En nuestra época actual, en la que el trabajo parece haber vuelto a representar una urgente cuestión social y el desempleo alcanza a veces niveles impresionantes, aun en aquellas naciones en las que durante décadas se ha experimentado un cierto bienestar, es necesario, con una conciencia renovada, comprender el significado del trabajo que da dignidad y del que nuestro santo es un patrono ejemplar.

El trabajo se convierte en participación en la obra misma de salvación, en oportunidad para acelerar el advenimiento del Reino, para desarrollar las propias potencialidades y cualidades, poniéndolas al servicio de la sociedad y de la comunión. El trabajo se convierte en ocasión de realización no solo para uno mismo, sino sobre todo para ese núcleo original de la sociedad que es la familia. Una familia que carece de trabajo está más expuesta a dificultades, tensiones, fracturas e incluso a la desesperada y desesperante tentación de la disolución. ¿Cómo podríamos hablar de dignidad humana sin comprometernos para que todos y cada uno tengan la posibilidad de un sustento digno?

La persona que trabaja, cualquiera que sea su tarea, colabora con Dios mismo, se convierte un poco en creadora del mundo que nos rodea. La crisis de nuestro tiempo que es una crisis económica, social, cultural y espiritual, puede representar para todos una llamada a redescubrir el significado, la importancia y la necesidad del trabajo para dar lugar a una nueva "normalidad" en la que nadie quede excluido. La obra de san José nos recuerda que el mismo Dios hecho hombre no desdeñó el trabajo. La pérdida de trabajo que afecta a tantos hermanos y hermanas, y que ha aumentado en los últimos tiempos debido a la pandemia del Covid-19, debe ser una llamada a revisar nuestras prioridades. Imploremos a san José obrero para que encontremos caminos que nos lleven a decir:¡Ningún joven, ninguna persona, ninguna familia sin trabajo!

En la fiesta de hoy nos preguntamos: ¿Vivo mi trabajo como ocasión para desarrollar mis potencialidades y cualidades y ponerlas al servicio de la sociedad y de la comunión? ¿Soy consciente de que con mi trabajo colaboro con Dios en su obra creadora? ¿Reconozco la dignidad de las personas a las que contrato? ¿Procuro que sus condiciones sean justas y dignas? ¿Pienso en sus familias?

Pidamos a San José que nos ayude a mirar al mundo del trabajo desde todos sus ángulos. Que nos ilumine para encontrar el camino que nos lleve, por medio de un diálogo amplio y constructivo, a crear empleo para todos, condiciones laborales dignas, condiciones económicas justas para el sustento de las familias y puestos de trabajo donde la persona experimente que desarrolla sus capacidades y contribuye al bien común.

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