¡Feliz 31 de mayo!

Coinciden en un mismo día dos grandes fiestas, una eclesial y otra congregacional. Fiestas que evocan a dos mujeres generosas y con una gran libertad interior. Mujeres que supieron abrirse al plan del Padre para llevar adelante su Voluntad. Ellas nos siguen inspirando hoy.

A esta fiesta le han precedido otras dos grandes en los domingos anteriores, Pentecostés y la Santísima Trinidad. Una vez más se nos recuerda que el Espíritu viene a vivificar la obra del Hijo, enviado por el Padre y con quien nosotros, Hijas de Jesús y laicos, queremos colaborar. Y la vida trinitaria nos revela que nacemos del amor, que es comunión, y que con la dimensión de fraternidad está en el seno de nuestras vidas y misión.

Es bueno detenernos y mirar al proceso de celebración de los 150 años de fundación de nuestra Congregación, lo que estamos celebrando y lo que el Espíritu Santo va “moviendo, transformando en nosotros hoy”. ¿Qué mociones, qué deseos, se suscitan en nosotros? ¿Qué miedos nos frenan? ¿Qué situaciones nos decepcionan?

Nuestro año jubilar, en medio de una situación de pandemia, ha de ser un signo de luz y desafío para nuestro Cuerpo apostólico. Queremos ser agradecidos por tanto recibido y ofrecido en los 150 años y, a la vez, pedimos una gracia: la de ser fieles a la herencia recibida, la de “conservar y aumentar el Cuerpo en su buen ser”, la de crecer disminuyendo…

Les invito, nos invitamos, a hacernos conscientes de esa llamada en la acción apostólica que nos hizo la CGXVIII: seguir abiertos y en búsqueda del horizonte y de los pasos que el Espíritu nos impulse a dar como familia carismática. Dejemos que esto acontezca. Esto supone estar atentas, poner medios, posibilitar su acción en medio de nosotros. Lo nuestro es secundar la acción del Espíritu -pero sin adelantarnos ni dejarlo ir- atendiendo a la vez a la diversidad que se presenta en la Congregación. Solas ya no nos podemos pensar… Juntos, laicos e Hijas de Jesús, somos enviados a discernir y poner en marcha las seis llamadas en la acción apostólica que nos fueron brindadas por la misma CGXVIII.

Es muy consolador constatar el tiempo que la Congregación lleva en esta apertura a los laicos y cómo han pasado de ser colaboradores de las Hijas de Jesús a sentir que compartimos carisma y misión.

Que María, Estrella de nuestros caminos, y la M. Cándida intercedan por todos nosotros.

¡Feliz día de la Madre Cándida!

Graciela Francovig, Superiora General

 

0
0
0
s2sdefault