MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA 56 JORNADA MUNDIAL
DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

Escuchar con los oídos del corazón

Desde 1967 se celebra en la Iglesia la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, instituida por el Concilio Vaticano II.

El Papa Francisco, en el mensaje para la 56 Jornada mundial de las comunicaciones sociales, centra la atención sobre el verbo “escuchar”decisivo en la gramática de la comunicación y condición para un diálogo auténtico.

Comienza constatando que "estamos perdiendo la capacidad de escuchar a quien tenemos delante". Mientras que, curiosamente, "la escucha está experimentando un nuevo e importante desarrollo en el campo comunicativo e informativo, a través de las diversas ofertas de podcast y chat audio". Esto nos confirma que "escuchar sigue siendo esencial para la comunicación humana".

En tres breves apartados nos va dejando su reflexión y su mensaje. ¿Es sólo para comunicadores? No, por eso lo compartimos con todos vosotros. 

Escuchar con los oídos del corazón

En las páginas bíblicas aprendemos que la escucha está esencialmente ligada a la relación dialógica entre Dios y la humanidad. De los cinco sentidos, parece que el privilegiado por Dios es precisamente el oído, quizá porque es menos invasivo, más discreto que la vista, y por tanto deja al ser humano más libre.

La escucha corresponde al estilo humilde de Dios. Dios ama al ser humano: por eso le dirige la Palabra, por eso “inclina el oído” para escucharlo. La escucha, en el fondo, es una dimensión del amor.

Sólo prestando atención a quién escuchamos, qué escuchamos y cómo escuchamos podemos crecer en el arte de comunicar, cuyo centro no es una teoría o una técnica, sino la «capacidad del corazón que hace posible la proximidad» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 171).

 

La escucha como condición de la buena comunicación

Existe un uso del oído que no es verdadera escucha, sino lo contrario: el escuchar a escondidas y espiar, instrumentalizando a los demás para nuestro interés. Por el contrario, lo que hace la comunicación buena y plenamente humana es precisamente la escucha de quien tenemos delante, cara a cara, la escucha del otro a quien nos acercamos con apertura leal, confiada y honesta.

Escuchar es el primer e indispensable ingrediente del diálogo y de la buena comunicación. No se comunica si antes no se ha escuchado, y no se hace buen periodismo sin la capacidad de escuchar.

Escuchar más voces, escucharse mutuamente, también en la Iglesia, entre hermanos y hermanas, nos permite ejercitar el arte del discernimiento, que aparece siempre como la capacidad de orientarse en medio de una sinfonía de voces.

La capacidad de escuchar a la sociedad es sumamente preciosa en este tiempo herido por la larga pandemia. Es preciso disponer el oído y escuchar en profundidad, especialmente el malestar social acrecentado por la disminución o el cese de muchas actividades económicas. También la realidad de las migraciones forzadas es un problema complejo, y nadie tiene la receta lista para resolverlo. Para vencer los prejuicios y ablandar la dureza de nuestros corazones. 

 

Escucharse en la Iglesia

También en la Iglesia hay mucha necesidad de escuchar y de escucharnos. Es el don más precioso y generativo que podemos ofrecernos los unos a los otros. Nosotros los cristianos olvidamos que el servicio de la escucha nos ha sido confiado por Aquel que es el oyente por excelencia, a cuya obra estamos llamados a participar. El teólogo protestante Dietrich Bonhoeffer nos recuerda de este modo que el primer servicio que se debe prestar a los demás en la comunión consiste en escucharlos. Quien no sabe escuchar al hermano, pronto será incapaz de escuchar a Dios [1].

La comunión no es el resultado de estrategias y programas, sino que se edifica en la escucha recíproca entre hermanos y hermanas. 

Conscientes de participar en una comunión que nos precede y nos incluye, podemos redescubrir una Iglesia sinfónica, en la que cada uno puede cantar con su propia voz acogiendo las de los demás como un don, para manifestar la armonía del conjunto que el Espíritu Santo compone.

Roma, San Juan de Letrán, 24 de enero de 2022, Memoria de san Francisco de Sales.

Francisco

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[1] D. Bonhoeffer, Vida en comunidad, Sígueme, Salamanca 2003, 90-91.

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