Comienza un nuevo año y consciente o inconscientemente, nos planteamos proyectos, sueños, deseos para el año que estrenamos. Como si al arrancar la hoja del calendario que marca el 31 de diciembre y aparece el 1 de enero, saliera de nuestro corazón una explosión de novedad, de algo distinto, de futuro, de sueño, de utopía.
Pero sabemos con realismo que el cambio de página no es mágico, no produce nada en sí mismo si nosotras, mujeres y hombres, no aportamos movimiento a ese calendario que se abre ante nuestros ojos.
Nada sucede automáticamente; la medida del tiempo y sobre todo la densidad con que queramos vivir el nuevo año depende, en gran medida, de nuestra libertad. Los deseos son movilizadores; los sueños imprescindibles; los proyectos de futuro impostergables, porque sin deseos, sin planes futuros, sin sueños… ¿de qué año nuevo hablamos? ¿de dónde arranca la novedad de un tiempo que avanza?…
Pero hablamos de una novedad que no es pura exhibición, que no es la elección de lo nuevo por lo nuevo,  sino que es la hondura que nos da la visión más amplia del mundo y de sus luces y sombras, de la mirada contemplativa desde los ojos creyentes, de quienes tenemos asentado nuestro Principio y Fundamento, en un Dios que hace historia contando con nuestra colaboración.
Ojalá que esas sombras que hoy nos acompañan -violencia de género y de otras muchas formas, refugiados, migrantes, desplazados, personas sin hogar, trata de personas…- se vayan coloreando de luces con nuestro pequeño-gran aporte, unidos, en comunión de la misma misión, como la gran familia humana que formamos.
Esta será la novedad que nos traiga el año 2017. Arrancar la página del 31 supone mirar atrás para agradecer; abrir las manos y el corazón para acoger el futuro que ya está llegando.
Que la esperanza nos mantenga firmes en nuestros deseos, en nuestros sueños y proyectos, en nuestras utopías –atreviéndonos a perseguirlas sin descanso- con la confianza en el Dios de la historia que camina delante de nosotros.
¡Bienvenido 2017! Tiempo regalado, acogido, plenitud del corazón para vivir cada día de su calendario como NUEVO!

María Luisa Berzosa fi

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