Si quieres avanzar en el descubrimiento y conocimiento del Principio básico que mueve la vida de Jesús, del verdadero motor de su vocación y misión entre los hombres, el profeta Isaías te pone hoy en la pista. Si hubieras de expresar con una frase del Antiguo Testamento el gran motivo de la vida, los gestos, la palabra, y la pasión, muerte y resurrección de Jesús, podrías elegir esta: “¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta, no tener compasión del hijo de sus entrañas?”
Esta madre que amamanta es Dios. Este padre lleno de compasión es Dios. Y, discerniendo, este es el centro del mensaje de Jesús. Él siempre habla del Padre, y se refiere a Él en todos los momentos y circunstancias de su vida, que está transida y persuadida por la relación con un Dios, al que Él nos le presenta como Padre, y que manifiesta las características de una Madre.
El salmo 61 nos habla de esta gran experiencia de Jesús, y de la cuantos, con Él, confiamos en el Padre, y desahogamos en Él nuestro corazón. Porque este Padre Dios es como un mar en calma que nos devuelve la serenidad, como un oasis en medio del desierto que nos reconforta, como un banco situado en un acantilado, desde el que contemplamos con sosiego las puestas de sol. “Sólo en Dios descansa mi alma, porque de él viene mi salvación; sólo él es mi roca.” La confianza en este Padre Dios es el verdadero descanso del alma. Esta es la experiencia fundamental de la fe cristiana, la que nos constituye y nos ofrece una nueva manera de ser y de vivir. Y nos hace experimentar que no estamos solos, que estamos siempre, como Jesús, acompañados, llevados y amados por el Padre. ‘Como niños en brazos de su madre’. Y con la certeza de que Él nunca nos falta, y nunca nos ha de faltar su presencia, su protección y su providencia.
Sitúate, pues, en esa relación privilegiada con el Padre. Jesús te ha concedido, si crees en Él, mantener una conexión amorosa y sosegada con el Misterio del Dios escondido, como lo que es y desconocíamos, como con un Padre. Desde esa conexión podrás avanzar en el camino, de modo que, como dice 1 Corintios (4,1-5): “La gente solo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios”. Y que nos vea fieles.
Y antes de adentrarte en el tiempo de conversión y preparación para la Pascua que es la Cuaresma, desde esta conexión con el Padre intenta comprender el último tramo del Sermón de la Montaña.
Si el pasado domingo te sentiste interpelado ante la respuesta de amor y no violencia a dar ante el odio, la agresión o los enemigos, este domingo vas a ver cómo Jesús pone a prueba tu confianza ilimitada en la Providencia y en el Amor incondicional de este Padre Dios sobre la vida de tus hermanos, sobre el cuidado del Planeta y sobre tu persona.
Toda tu comunidad leerá hoy a Mateo 6,24-34. Un texto maravilloso que te dará acceso al corazón amante de Dios, y al itinerario apasionante que habrás de recorrer para vivir en una conexión confiada con tu Padre: “Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero”. Esta es la gran verdad de la fe, que la Iglesia custodia celosa en el santo Evangelio: Sólo hay un Dios. Sólo hay un Señor. Sólo hay una fe cristiana. Y no podemos negarla, o esquivarla, o postergarla. Y tampoco podemos desconfiar de ella, pues en ella está nuestra fortaleza. Y cuida de no apostatar de un modo práctico.
El enemigo, el otro dios, el otro señor, no es un Dios religioso. Es, así lo acabamos de leer de los labios de Jesús, EL DINERO. Este dios falso, al que no nos podemos dedicar, al que no podemos servir, al que no debemos amar, es el gran enemigo y el gran peligro para la vida del hombre. Y así lo vemos en esta sociedad fascinada por el poder del dinero. El Padre Dios, por el contrario, es la unidad básica y fundamental para todos sus hijos, pues todos tendemos hacia Él como si se tratara de un potente imán; es el principio de su crecimiento y desarrollo armónico y fraterno; es el corazón erguido a favor del bien y de la paz.
Sin la unidad y la comunión que nacen del Dios Trinitario, el hombre, entregado a las tentaciones del dios dinero, corre el riesgo de tornarse frío, distante, dividido, ambicioso, egoísta, perdido, violento, mafioso, prepotente. No, así no. No puedes servir a dos dioses, a dos señores. El dinero sirve para lo que sirve en las transacciones humanas, pero no puede convertirse ni en tu dios ni en un ídolo al que le entregues tu vida, pues tu vida es el gran don del Padre Dios, y ha de tornar un día a Él, donde encontrará la plenitud de todo en todos.
“Por eso os digo: no estéis agobiados por vuestra vida. Mirad los pájaros del cielo. Fijaos cómo crecen los lirios del campo. No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso”.
Esta perícopa del Evangelio, has de mirarla, contemplarla y practicarla durante estos días previos al inicio de la Cuaresma, que es el próximo miércoles, día 1 de marzo. Y camina con estos simples consejos:
1. Condúcete en la vida dando una oportunidad al protagonismo de la Palabra de Cristo. Y te verás renacer.
2. Condúcete a la soledad compartida del silencio orante. Y recuperarás la sabiduría del Evangelio.
3. Condúcete con una confianza ilimitada en la Providencia del Padre. Y no te faltará lo necesario.
4. Condúcete sin agobios: Mira los pájaros, los lirios y los ojos de los niños. Y tropezarás con sueños y caminos nuevos para ti y para el hombre.
5. Condúcete con la determinación de buscar su Reino. Y te nacerán regatos de novedad y de fraternidad.
“Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura. A cada día le basta con su agotamiento”.

Antonio García Rubio, párroco del Pilar en Madrid

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