Este tema, junto a otros de la espiritualidad ignaciana, es una de mis pasiones. Estuve hace unos días en Madrid en el encuentro de Equipos Directivos, bajo el lema “Liderar acompañando”, como miembro del Equipo de Comunicación de España-Italia para hacer la reseña y salí con la inquietud y el deseo de seguir ahondando en este tema.
Esperé un poco porque el fin de semana siguiente íbamos a tratar esto mismo en la Comunidad de Aprendizaje en Liderazgo Ignaciano que nos reunimos mensualmente en Casa San Ignacio (Ventilla-Madrid) y dos veces al año dedicamos un tiempo más intenso en Navafría (Segovia). Tres compañeros prepararon este tema ya pedido por el grupo.
Fue ocasión de ahondar en lo que es y supone –para el liderazgo- y yo diría que para toda nuestra vida-, el acompañamiento espiritual ignaciano. Como no puede ser de otra manera partimos de la base antropológica –en la cual Ignacio es también maestro- para ir profundizando a esta luz.
El punto de partida fue “desde dónde” para lo cual se nos ofreció pasar por los distintos capítulos de la vida de Ignacio: la herida – lectura de la vida de Cristo y de santos – discernimiento – conversión –principio y fundamento – experiencia de relación con Dios en la vida – vocación de acompañar –amigos en el Señor – Dios fuente de vida…
Después vemos el “cómo”: escucha – afectos – mociones – pecado – examen – pedagogía ignaciana – modo y orden – deseos – buen y mal espíritu – reconciliación, perdón, vida nueva – discernimiento, toma de decisiones…
Para terminar con el “para qué”: descubrir la voluntad de Dios – indiferencia = libertad – mi “libertad” y mi “querer”; a dónde me va llevando; cómo disponerme para colaborar mejor en el Reino…
Se nos fueron planteando y clarificando muchas preguntas:
¿Cómo liderar sin discernir; cómo discernir sin acompañamiento espiritual y cómo acompañar si no es desde las claves que nos ofrece la espiritualidad que nos configura?
Claro que la base sicológica es indispensable pero no se agota ni cubre todo el campo del acompañamiento; necesitamos ese plus que nos ayuda a ir viendo por dónde el Señor nos va conduciendo, por dónde aparecen los sentimientos, las mociones, los afectos ordenados y/o desordenados, la llamada personal que el Señor me va haciendo dentro de mi vocación de Hija de Jesús, el camino que El va llevando conmigo, qué pedagogía es la suya para esta etapa …
Autoliderarme ya es complicado; liderar a otros y otras, algo complejo; acompañar desde el liderazgo en cualquier institución u organismo, es un arte que requiere sus reglas de juego. Pero si deseamos liderar nuestras organizaciones desde el acompañamiento espiritual ignaciano no podemos prescindir de ir dando pasos en un camino nada fácil pero apasionante. 
Y Cándida María de Jesús, sin usar el lenguaje de hoy, también supo acompañar desde la preocupación real y concreta por cada hermana, por las personas, por las alumnas; desde la cercanía en lo cotidiano, desde una escucha activa, desde el cuidado integral porque se preocupada por la comida, por lo necesario, por el alivio, por todo aquello que en definitiva hacía a las personas más felices y las llevaba a Dios.
El encuentro del grupo de liderazgo me confirmó; la jornada de equipos directivos me dejó inquieta, con ganas de seguir ahondando en nuestro estilo propio de acompañar; veía a las personas abiertas, receptivas, con ganas; qué buena ocasión para continuar sin descanso… algunos participantes me lo comentaron de este modo:
Acompañar es ciencia del corazón
Acoger la vida
He descubierto la importancia del acompañamiento
Ensolada, dar suelo, acompañar es un modo de estar
Fronteras: actitud de acompañamiento no de paternalismo
Qué suerte poder vivir acompañada y acompañando
Posibilidad de ser más feliz: la VIDA al servicio de la comunidad
Me surge un agradecimiento al Señor que a través de Ignacio y de Cándida María nos ofrece este legado tan rico para vivir nuestra vocación-misión cada vez con mayor sentido y también para ayudar a los prójimos en un campo hoy necesario y urgente, como es el acompañamiento espiritual ignaciano.

Por María Luisa Berzosa FI

0
0
0
s2sdefault