“¿Por qué nos cuesta tanto superar el exceso de ‘instrumentalidad’ que, a veces, caracteriza nuestra VRA cuando se centra demasiado en la realización de servicios (educativos, sanitarios, sociales, pastorales, etc.)?”. Así se pregunta la Superiora General, Maria Inez Furtado fi, en su última carta circular al regresar de la visita a Filipinas, Japón y Myanmar. Para ella, “la Vida Consagrada está llamada -especialmente hoy- a entrar en una fase nueva en la que se fortalezca nuestro ‘carácter parabólico’ oscurecido en tiempos de excesivo ‘funcionalismo’, es decir, una propuesta de vida que priorice lo esencial de su propia vocación y carisma”. Por eso, concretando en nuestro ser de Hijas de Jesús, supone “el intento serio y prioritario de “tener a Dios como Padre…” de parecernos más y más a Jesús “como un hijo se parece a su Padre” y de no olvidar que el ‘bien de los prójimos’ solo se hace posible cuando vivimos “según la gracia con que nos ayudará el Espíritu Santo” y cuando asumimos con alegría el “seguir sus huellas hasta la cruz, seguras de que muriendo con El, también con El habrán de resucitar” (CFI 136).
Maria Inez Furtado expresa su alegría porque en las comunidades que acaba de visitar ha encontrado “proyectos que apuntan más hacia la vivencia testimonial de los rasgos esenciales de nuestro carisma que a lo que hacemos. Es verdad que expresar así los proyectos no siempre trae consigo el haber encontrado el modo de vivirlo, pero no deja de ser un paso más y la vida es no dejar de dar pasos… y saber alegrarse con cada uno de ellos”. Para nuestra Superiora General vivimos en un tiempo de “gracia del decrecimiento” y lo agradece “en cuanto que nos empuja a dejarnos enseñar por otros; a relacionarnos más con otras instituciones, vocaciones y proyectos; a estar más integradas con los pastores, parroquias e Iglesias particulares. Cuando nos enseña -aunque con dolor en algunos casos- a ser mujeres de confianza, sencillez y humildad y, desde ahí, a ir recuperando la esperanza porque, a menudo y muy concretamente, experimentamos que Dios escoge los instrumentos más frágiles para ser portadores de Su fuerza y apoyo a los más pequeños”. Su compartir sobre la visita termina con una pregunta: ¿Será la semilla de una nueva fase en nuestro Cuerpo? Un Cuerpo que se va dejando transformar para volver a ser pequeño y encantado con la heredad que ahora mismo le toca: pobreza en sobriedad y gratuidad como la de Jesús; humildad agradecida y pequeñez evangélica como la de María; fe y confianza filial, sin medida ni condiciones, como la de la Madre Cándida. ¡Que así sea Señor!

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