El Espíritu nos impulsa a priorizar
En el camino conjunto entre laicos e Hijas de Jesús surgen las siguientes llamadas que el Espíritu nos impulsa a priorizar:
1. Realizar un proceso de adecuación con esperanza
Haciendo una evaluación de nuestras comunidades, obras y tareas apostólicas, con el fin de responder mejor a las necesidades actuales; una adecuación que tenga en cuenta la sostenibilidad del Cuerpo universal.
2. Tejer redes de cuidado desde la filiación y el compromiso con la creación y con los hermanos
Acogiendo la llamada a colaborar con otros y participar activamente en redes de cuidado.
Uniéndonos a quienes trabajan por los más desfavorecidos y por todos aquellos que se ven obligados a la movilidad de sus lugares de origen: migrantes, refugiados, desplazados
Incorporándonos a una dinámica constante de conversión personal, comunitaria e institucional, para el cuidado de la casa común.
3. Ser presencia y esperanza en las periferias del mundo.
Como Hijas de Jesús, nos sentimos llamadas a hacernos presentes junto a nuestros hermanos y hermanas que sufren las periferias geográficas y existenciales. No son sólo lugares o situaciones sociales, sino espacios en los que encarnar la presencia viva de Cristo.
4. Cuidar las presencias apostólicas educativas que evangelizan y transforman
Queremos que nuestras presencias apostólicas sean espacios de evangelización y agentes de transformación social, de manera que, en cada una de ellas se haga vida “nuestro modo propio de educar”. Conscientes de la importancia que tiene la educación para construir un futuro más justo y fraterno, seguimos impulsando en ellas el Pacto Educativo Global.
5. Despertar a la llamada a ser Hijas de Jesús: un camino hacia la felicidad y el sentido.
Con profunda confianza en el Señor, que continúa llamando a jóvenes a la Congregación, animamos a todas las provincias a fortalecer con creatividad y compromiso proyectos e itinerarios de pastoral vocacional explícita.
6. Tejer juntos el sueño de la Familia Carismática
Avanzando con determinación en la clarificación y comprensión de lo que implica este anhelo, compartido por laicos e Hijas de Jesús, de tejer el sueño de la Familia Carismática.
