Seguimos caminando en esta Cuaresma, Pablo subraya que Dios nos amó cuando aún éramos débiles. Esta es la raíz de una presencia apostólica compasiva, gratuita y esperanzada en las periferias geográficas y existenciales. No vamos porque todo esté resuelto, sino porque la esperanza nace precisamente en la fragilidad humana acompañada por el amor fiel de Dios. No vamos desde la fuerza, sino desde la confianza en un amor que precede, acompaña y sostiene. La esperanza cristiana no es optimismo ingenuo: nace del amor de Dios que se nos regala en medio de la fragilidad humana. Allí donde la vida parece descartada, estamos llamadas a encarnar una presencia humilde, cercana y sembradora de esperanza. Nuestra presencia no siempre resuelve los problemas, pero puede sostener, acompañar y abrir caminos de esperanza. A veces, simplemente estar ya es un signo del amor de Dios.
La esperanza no defrauda
Hermanos: Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. En efecto, cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros. Rm 5,1-2.5-8
Prioridad: Presencia y esperanza en las periferias del mundo
Observamos cómo las periferias geográficas y existenciales se multiplican. A pesar del progreso tecnológico y económico, la equidad y el bienestar social se estancan. La cultura del descarte continúa marginando a muchos. Ante esta realidad, como Hijas de Jesús, nos sentimos llamadas a hacernos presentes junto a nuestros hermanos y hermanas que la sufren, aportando nuestro grano de mostaza según las fuerzas propias del momento vital. No son sólo lugares o situaciones sociales, sino espacios en los que encarnar la presencia viva de Cristo. Det CGXIX n. 23
Pregunta para el discernimiento
¿En qué realidades y de qué modo sentimos hoy que se nos llama a estar presentes para acompañar la vida y sostener la esperanza?
Propuesta de oración ignaciana



