Las Hijas de Jesús queremos serlo verdaderamente, pareciéndonos a Jesús, “como una hija se parece a su padre”, reconociendo y ayudando a vivir que todos somos hermanos.
Desde una conversación respetuosa con las heridas del alma.
Desde unas palabras de aliento, una sonrisa o un abrazo.
Cuidando a la persona en su conjunto como lo hace Jesús
y cuidando la creación como casa de todos.
Este don es una esperanza para el mundo.
QUEREMOS CAMINAR COMO FAMILIA CARISMÁTICA
Hijas de Jesús y laicos/as somos una familia que ama al modo de Jesús. Dios es el primero que se pone en camino y nos llama para unirnos y caminar juntos, guiados por María y siguiendo los pasos de Santa Cándida. Juntos, como Familia Madre Cándida, deseamos asumir el compromiso de transformar la realidad allí donde vivimos.
con una forma muy concreta de vivir y de servir
que resumimos en 7 principios que encontrarás en nuestras personas y comunidades
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Jesús en el centro
Queremos que Jesús sea siempre el centro de nuestra vida.
Que su persona, sus palabras, su modo de actuar y vivir, sea lo que dé sentido a nuestra vida. Por eso, cada día buscamos su presencia que nos alimenta, consuela, envía y nos ayuda a vivir, con Él y como Él, cada situación.
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Somos hijas
Dios es ese fundamento sobre el que caminamos en la vida.
Como un padre o una madre que ofrece sus palabras y esfuerzos para apoyar, dar confianza y consuelo a sus hijos, para darles vida y verlos crecer desde el amor y la libertad. Nos sentimos hijas e hijos de Dios, en quien podemos poner toda nuestra confianza, y, por tanto, hermanas y hermanos de todos. Al vivir esta relación de filiación encontramos una alegría constante y profunda, que deseamos compartir con los demás.
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Vivimos con sencillez y alegría
Caminamos desde lo pequeño, con una sonrisa.
Porque en lo pequeño y sencillo es donde le gusta actuar a Dios. Por eso queremos vivir sólo con lo necesario para nuestra misión: oración, dedicación y cariño. Nos queremos dejar modelar por Dios, para vivir como Jesús, y encontrar en ello la alegría.
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Vemos a Dios en todo y todos
Cuando te sientes hija o hijo de Dios, aprendes a seguir su modo de ser en la vida.
Hasta llegar a encontrarle en cada persona y en cada situación. Amamos a la persona, sea quien sea y esté donde y como esté. Amamos la naturaleza, la Casa común, tan bella y herida. El examen cotidiano nos ayuda a descubrir el paso y presencia de Dios en todo y en todos.
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Siempre disponibles dónde más nos necesiten
La disponibilidad es nuestro acento
Nuestro lugar en el mundo está donde más nos necesiten y para los que más nos necesiten. Sin importar raza, ni procedencia, ni nivel económico. Y es que, todos somos hermanos.
Nos hacemos disponibles para ir a cualquier parte del mundo y servir en lo que se necesite. Confiando por completo en Dios. Ayudando a encontrarse con Jesús.
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Nuestro modo de proceder es el discernimiento
Queremos descubrir lo que Dios quiere en cada situación.
En lo personal y en comunidad. Y eso supone profundizar, distinguir y elegir lo que lleva a un mayor bien, entre las distintas posibilidades que se presentan en la vida. El espacio para ello es el silencio, la contemplación y el diálogo fraterno.
Somos de espiritualidad ignaciana. El discernimiento forma parte de nuestro estilo de vida y modo de proceder, para relacionarnos con los demás, con nosotras/os mismos, con Dios y llevar adelante la misión.
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María es nuestra guía
Estrella de nuestros caminos.
María es nuestra madre. En un mundo tan fracturado, tener una madre nos reconcilia. María nos ayuda a encontrar los puntos de unión, el entendimiento entre todos. En definitiva, la fraternidad es casa, es familia.
Al ser madre, conoce a cada hijo e hija y está presente. Una presencia discreta en los momentos más importantes, en las alegrías, y también en las tristezas, donde nos consuela, como guía y refugio.
