Seguimos caminando en esta Semana Santa. Después de haber entrado con Jesús el Domingo de Ramos, dejándonos tocar por su humildad, y de haber aprendido ayer a amar sin cálculo y cuidar lo frágil, hoy el camino nos lleva un paso más adentro: al corazón.
Este día nos invita a dejarnos mirar por Jesús con verdad.
Él conoce las fragilidades de sus amigos y, aun así, no deja de confiar en ellos ni de amarlos. Así es también con nosotros. La conversión comienza cuando nos atrevemos a ponernos ante su mirada, sin máscaras, sabiendo que en Él siempre encontramos misericordia.
En este tiempo, somos llamados a dejarnos transformar por la experiencia honda de que “Dios es el Padre que de todos cuida” y así, responder mejor al mundo (CG XIX), permitiendo que su luz llegue a esos rincones de nuestra vida que necesitan ser sanados.
Por eso, hoy nos preguntamos con sinceridad:
¿Qué parte de mi vida necesita más luz?
¿De qué me gustaría que Jesús me liberara hoy?
¿Qué necesito que cambie en mí para cuidar más la vida?
Tal vez el primer paso sea sencillo, pero profundo: regalarte un momento de silencio, aunque sean solo unos minutos, y pedir luz. Deja que Él te hable al corazón.
Y desde ahí, hacemos oración: Señor, transforma nuestro corazón.



