Con la fiesta del Bautismo de Jesús cerramos el tiempo de Navidad y nos situamos ante el comienzo de la vida pública del Señor. Jesús, el Hijo amado, se sumerge en las aguas del Jordán y, ungido por el Espíritu, inicia un camino que será anuncio del Reino, cercanía a los pobres y entrega total de la vida.
Este momento revela con claridad quién es Jesús y, al mismo tiempo, quiénes somos nosotras en Él: hijas e hijos amados, ungidos para una misión.
Acogemos la Palabra
Pedro tomó la palabra:
—Verdaderamente reconozco que Dios no es parcial, antes acepta a quien lo respeta y procede honradamente, de cualquier nación que sea.Él comunicó su palabra a los israelitas y anuncia la Buena Noticia de la paz por medio de Jesús, el Mesías, que es Señor de todos.
Vosotros conocéis lo sucedido por toda la Judea, empezando por Galilea, a partir del bautismo que predicaba Juan. A Jesús de Nazaret lo ungió Dios con Espíritu Santo y poder: pasó haciendo el bien y sanando a los poseídos del Diablo, porque Dios estaba con él. Hch 10, 34-38
Pedro resume la vida y misión de Jesús con una frase sencilla y profunda: “pasó haciendo el bien”.
Ungido por el Espíritu, Jesús vive desde la intimidad con el Padre y se deja conducir por Él hacia los demás, especialmente hacia quienes más necesitan vida, sanación y esperanza.
La Determinación ilumina nuestro camino
La filiación expresa la originalidad de la relación íntima de Jesús con Dios. En el Bautismo, el Padre pronuncia sobre Jesús unas palabras que resuenan para siempre: “Tú eres mi Hijo amado” (Mc 1,11). (Determinación 6)
En Él, también nosotras escuchamos esa voz. La filiación no es solo una verdad teológica: es una experiencia espiritual que transforma nuestra manera de vivir, de relacionarnos y de salir al encuentro de los demás.
Ser hijas en el Hijo nos hace hermanas, nos envía a “hacer el bien” y nos sitúa en una misión compartida.
Ungidas para continuar su camino
El Bautismo del Señor nos recuerda que toda vocación nace del amor del Padre y se despliega en una vida entregada.
¿Qué significa para ti en lo profundo, ser hija/hijo de Dios?
Como Hijas de Jesús, renovamos hoy nuestra identidad y nuestra misión: dejarnos ungir por el Espíritu y caminar, como Él, haciendo el bien, anunciando la paz y construyendo fraternidad.
Que esta fiesta nos ayude a vivir desde la certeza de sabernos hijas amadas y enviadas.






