Seguimos caminando en esta Semana Santa. Después de haber entrado con Jesús el Domingo de Ramos, de aprender el lunes a amar sin cálculo, de dejarnos transformar el martes en la verdad del corazón y de reconocer el miércoles la llamada a reconstruir vínculos, hoy el camino nos lleva al centro del Evangelio: el servicio.
Jesús se arrodilla y lava los pies a sus amigos. En ese gesto sencillo y profundamente humano, nos revela el corazón de Dios: un amor que cuida, que levanta, que acompaña.
La autoridad de Jesús no está en el poder, sino en el servicio. Y seguirle a Él es aprender a vivir así. Aquí se hace claro el Evangelio: cuidar la vida de los otros, con humildad y entrega concreta.
Hoy resuena con fuerza la llamada: “Cuida de él” (CGXIX). Una invitación que se vuelve vida en lo cotidiano, en lo pequeño, en lo que muchas veces pasa desapercibido.
Por eso, nos dejamos interpelar:
¿A quién me invita hoy Jesús a cuidar con más humildad?
Quizá la respuesta se haga gesto en algo muy sencillo: realizar un servicio concreto a alguien, sin ruido, con amor.
Y desde ahí, hacemos oración: Señor, enséñanos a amar sirviendo.



