El pasado Domingo de Ramos comenzamos juntos un camino especial, que hemos llamado: “CUIDA DE ÉL: Semana Santa con las Hijas de Jesús”. Ha sido una invitación a mirar el mundo con los ojos de Jesús, a detenernos en medio de la vida cotidiana y a dejarnos tocar por su manera de amar y cuidar.
Desde la Comisión Internacional de Comunicación de las Hijas de Jesús quisimos proponerte vivir estos días como un verdadero itinerario interior: un tiempo para contemplar, escuchar la Palabra y dejarnos transformar. Bajo el lema “CUIDA DE ÉL” (Lc 10, 35b), cada jornada estuvo acompañada por un breve video que nos ofrecía una clave concreta para encarnar el Evangelio en lo sencillo de cada día.
Hoy, al comenzar el tiempo de Pascua, no cerramos este camino… lo profundizamos.
Tiempo de Pascua, tiempo de vida
La Pascua nos abre a una vida nueva, nos recuerda que la última palabra no la tiene el dolor ni la muerte, sino el amor que vence y renueva todo. Por eso, queremos seguir caminando juntos.
Durante este tiempo pascual, iremos, domingo a domingo, compartiendo nuevas propuestas que nos ayuden a vivir este tiempo pascual con profundidad y compromiso. Nos dejaremos iluminar y ahondaremos desde tres fuentes que se entrelazan y nos orientan:
- El mensaje de Pascua del Gobierno General de las Hijas de Jesús
- La palabra del Santo Padre en el mensaje de Pascua Urbi et Orbi de Papa León XIV
- El Evangelio de cada domingo del Tiempo Pascual hasta Pentecostés.
En este horizonte, resuena con fuerza la llamada a la paz que el Resucitado nos ofrece como don y tarea. Una paz que está rota en tantos lugares del mundo. Una paz que no es ausencia de conflictos, sino presencia activa de amor, justicia y cuidado.
La paz: un clamor en medio del dolor
Hoy más que nunca, este llamado es urgente en nuestro mundo herido. De manera especial, miramos con dolor lo que ocurre en Medio Oriente, donde la violencia, la guerra y el sufrimiento de tantos hermanos y hermanas claman al cielo. Las heridas de la humanidad se hacen visibles en rostros concretos, en familias desplazadas, en vidas quebradas que necesitan, con urgencia, gestos reales de paz.
Queremos seguir diciendo juntos: cuida de él.
Cuida de la vida, especialmente de la vida amenazada.
Cuida de los otros, sobre todo de quienes sufren la guerra y la injusticia.
Cuida de la esperanza, incluso cuando parece frágil o lejana.
Que este tiempo de Pascua nos ayude a no ser indiferentes, a abrir el corazón y a comprometernos, desde lo pequeño, con la construcción de la paz. Que oremos intensamente por la paz. Que seamos testigos valientes de esa paz que nace del corazón de Cristo resucitado y que nuestro mundo necesita con urgencia.



