En este segundo domingo de Pascua, comenzamos un nuevo tramo de nuestro camino: seguir acogiendo y profundizando la vida nueva que el Resucitado nos regala. La Pascua no es solo un acontecimiento que recordamos y celebramos, es una experiencia, proceso y misión que estamos llamados a vivir cada día.
El Evangelio nos sitúa en la escena de la aparición de Jesús a sus discípulos y a Tomás. En medio del miedo, la duda y el encierro, Jesús se hace presente y pronuncia unas palabras que transforman todo: “La paz esté con vosotros (…) y no seas incrédulo sino creyente”. Su presencia trae consuelo, abre caminos y renueva la fe.
El mensaje pascual del Papa León XIV en la bendición Urbi et Orbi nos recuerda con fuerza el corazón de este misterio: “La Pascua es una victoria. (…) Cristo tuvo que morir, y morir en una cruz, tras sufrir una condena injusta (…) tomó sobre sí el pecado del mundo y así nos liberó a todos, y con nosotros también a toda la creación, del dominio del mal.”
Esta victoria no es lejana ni abstracta: se hace presente hoy, en medio de nuestra historia concreta.
También desde el Gobierno General de las Hijas de Jesús recibimos una clave para este tiempo: “Cada aparición del Resucitado trae un mismo regalo: ‘Paz a vosotros’. No es un saludo cualquiera, es un consuelo profundo.”
La llamada es bien explícita a estar atentos a tomar decisiones de paz en cada situación que se presente. ¿Cómo te experimentas afectado por esto en tu vida?
La paz que transforma
En un mundo herido por tantas violencias —y de manera especial por el dolor que sigue viviendo Medio Oriente— estas palabras resuenan con una urgencia nueva. La paz del Resucitado no es superficial: es una paz que entra en nuestras heridas, que abraza nuestras dudas, que nos invita a creer incluso cuando cuesta.
Como Tomás, también nosotros podemos sentirnos frágiles, incrédulos o heridos. Y, sin embargo, Jesús se acerca, se deja tocar y nos vuelve a decir: la paz esté contigo.
Este domingo es una invitación a acoger ese regalo y a dejarnos transformar por él. A creer que la vida vence. A confiar en que el amor tiene la última palabra.
Oración
Jesús resucitado, gracias porque estás en nuestra vida. ¡Regálanos tu paz!



