Desde que una Hija de Jesús entra a formar parte de la Congregación hasta su profesión perpetua, recorre un camino de formación por etapas: postulantado, noviciado y juniorado, un itinerario pensado para que la vocación vaya madurando y confirmándose paso a paso. La Última Probación es, precisamente, la etapa final de ese recorrido: el tiempo que precede a la incorporación definitiva a la Congregación.
Lo que dicen las Constituciones
Las propias Constituciones de la Congregación sitúan con claridad el sentido de esta etapa:
«Antes de ser incorporadas a la Congregación de una manera definitiva, las Hermanas tendrán otro tiempo de probación. Ayudará entonces a las que se han empleado en los estudios y trabajos propios de la Congregación insistir en la escuela del afecto, ejercitándose, con alegría y afán, en las cosas espirituales y corporales que más humildad y abnegación y mayor conocimiento y amor de Dios puedan causarles.» (CFI 124)
Es decir: tras años dedicados al estudio y al trabajo propios de la formación, llega un tiempo distinto, centrado ya no en aprender cosas nuevas sino en dejarse trabajar por dentro, en el afecto y en la entrega.
Las Constituciones señalan también los dos grandes contenidos de estos meses:
«Se dedicarán, de una manera particular, al estudio e inteligencia de las Constituciones y de todo lo perteneciente al Instituto, y harán los Ejercicios Espirituales por un mes.» (CFI 124)
Y añaden el motivo último de todo ello:
«Y así, habiéndose aprovechado en sí mismas, mejor podrán ayudar a otros, a gloria de Dios nuestro Señor» (CFI 124).
Cómo se organiza
Las Directrices y Normas Complementarias concretan cómo se vive esta etapa en la práctica. La admisión a la Última Probación corresponde a la Superiora General, oído el parecer de su Consejo y la opinión del gobierno provincial, y dura al menos cuatro meses, (DNC 69).
Para que este tiempo cumpla su finalidad, las hermanas quedan libres de sus actividades habituales, aunque no se excluyen aquellos contactos apostólicos que en algún momento se consideren oportunos. Y, precisamente porque se trata de hermanas con años de vida congregacional detrás, las Directrices insisten en que en esta etapa, más que en ninguna otra, se favorezca su participación activa y responsable (DNC 69).
Una experiencia comunitaria, guiada e internacional
Las hermanas viven este tiempo reunidas en una misma casa, bajo la orientación de una Instructora, nombrada por la Superiora General tras oír a sus Consejeras (DNC 70). Se trata de una hermana que debe conocer bien las Constituciones y la espiritualidad del Instituto, y contar con las cualidades necesarias para acompañar tanto a nivel personal como de grupo. (DNC 71).
A menudo esta experiencia se vive a nivel internacional, lo que añade una riqueza propia: el encuentro con hermanas de otras culturas, la experiencia viva de la universalidad del Cuerpo congregacional y el ejercicio gozoso de la apertura a otros modos de vivir y de creer.
En la Carta Circular N° 52 la Superiora general, Graciela Francovig, fi, comunicó las junioras que fueron admitidas para la última probación 2026-2027. Ellas son:
- Bermejo Samis, María Cristal. (Filipinas)
- Cao, Cecilia. (Vietnam)
- García Casañas, Mónica Celina. (Uruguay)
- Lin, Inma. (Continente)
- Nguyen, Ann. (Vietnam)
- Malaquias Rodríguez, Cintia. (Brasil)
- Santorce Piosca, Mary Mae. (Filipinas)
También nombró como instructora para este grupo a la consejera general Magda Zhang, fi.
El corazón de estos meses: Ejercicios, Constituciones y abnegación
El mes de Ejercicios Espirituales ocupa un lugar central: es el momento en que cada hermana relee su camino como Hija de Jesús y llega a la confirmación de su vocación, consolidando la integración afectiva que hará posible ofrecer su vida en la profesión perpetua.
Desde ahí cobra también sentido la Experiencia de abnegación, no como un ejercicio aislado sino como una actitud constante orientada a la misión. Y es, además, tiempo de volver a las Constituciones y a los escritos de la Madre Cándida, como una relectura sapiencial desde la propia experiencia vivida: redescubrirlos como camino concreto de Evangelio.
Un camino que seguiremos compartiendo
En los próximos días continuaremos esta serie conociendo a la Instructora que acompaña este tiempo y, después, a cada una de las siete junioras que forman parte de este grupo de Última Probación.
A lo largo de los casi seis meses que dura la experiencia, iremos compartiendo también el camino de quienes las acompañan: hermanas y otras personas que facilitarán talleres, ejercicios y distintas experiencias que ayudarán a que los objetivos recogidos en nuestros documentos se hagan diálogo vivo con la realidad.
Invitamos a toda la Familia Madre Cándida a acompañarlas con la oración y la cercanía y estando atenta a todo lo que iremos compartiendo de esta etapa tan honda.



