Cada 17 de octubre, la Familia Madre Cándida vuelve con gratitud a un acontecimiento que forma parte de nuestra historia: el día en que la Iglesia reconoció solemnemente la santidad de Cándida María de Jesús.
Fue el 17 de octubre de 2010, en la Plaza de San Pedro. Benedicto XVI canonizó a nuestra Fundadora y la presentó a la Iglesia universal como testigo de una fe vivida con profundidad, confianza y entrega. Desde entonces, cada aniversario es una oportunidad para celebrar, agradecer y volver a mirar su vida como una vida que sigue teniendo mucho que decir a nuestro presente.
¿Qué puede significar hoy para las Hijas de Jesús y para toda la Familia Madre Cándida que la Madre Cándida sea santa? ¿Qué puede despertar en nuestra propia vida su manera de vivir la relación con Dios, de confiar, de entregarse y de ponerse a su disposición? ¿Qué puede significar para ti, tengas la edad que tengas, estés donde y como estés?
Este aniversario coincide, además, con un nuevo paso en el Itinerario de Filiación, iniciado el pasado 15 de septiembre. La segunda Hoja de Ruta (HR2) nos invita precisamente a acercarnos a una de las claves que atraviesan toda la vida de nuestra Fundadora: quién es Dios para la Madre Cándida.
«Dios sobre todo»
La vida de la Madre Cándida está atravesada por un hilo conductor que le da unidad: su relación con Dios. Él es el centro de su existencia, el origen y el horizonte de sus decisiones.
A lo largo de su camino va madurando una experiencia de Dios que configura progresivamente todo su ser y que se expresa en una profunda actitud filial.
La HR2 nos propone detenernos en ese paisaje y contemplar, a través de sus gestos, palabras, actitudes, consejos y elecciones, el rostro de Dios que fue configurando su vida.
Un Dios que para Cándida María de Jesús es el Absoluto, aquel de quien afirma: «Sola nada, pero con Dios todo lo puedo». Un Dios que es Señor y dueño, pero también, y de manera muy especial, Padre: grande, bueno, misericordioso y providente; un Padre que cuida de sus hijas, que cuida de todos sin distinción, que no abandona, que abre caminos y en quien se puede poner toda la confianza.
Quizá por eso, cuando intenta expresar lo que vive, las palabras no le bastan: «¡…si yo pudiera estampar en este papel lo que mi alma siente!».
Una santidad que deja huellas
La experiencia de Dios de la Madre Cándida no quedó encerrada en su historia personal, ni sólo en las personas de su tiempo. Dejó huellas en la Congregación y sigue invitándonos hoy a reconocer qué significa vivir como Hijas de Jesús y como laicos con su carisma..
Las Constituciones, la Lectura Vivencial y Actualizada de la Fórmula y la Determinación de la CG XIX nos ayudan a reconocer esas huellas: Dios como Padre, la confianza en su bondad, la disponibilidad para la misión y el deseo de servir al Dios encarnado, presente en la realidad cotidiana.
La santidad de la Madre Cándida puede ser para nosotras una invitación a volver a la raíz y preguntarnos: ¿qué rostro de Dios va configurando mi propia vida? ¿Qué de Dios va mostrando mi día a día?
Celebrar la canonización de nuestra santa cada 17 de octubre es también dejarnos tocar de nuevo por su testimonio y preguntarnos qué puede renovar hoy en nosotras su manera de vivir «Dios sobre todo».
Una Hoja de Ruta para mirar, compartir y orar en el camino
En este nuevo aniversario de su canonización, la Madre Cándida vuelve a acompañarnos en el camino. Su santidad nos recuerda que una vida entregada a Dios puede convertirse en camino para otros y que la experiencia de sabernos hijas e hijos de un Padre que cuida de todos puede seguir transformando nuestra manera de vivir, de relacionarnos y de servir.
Celebramos y agradecemos su santidad. Y, con ella, seguimos caminando.





