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30° Aniversario de la beatificación de la Madre Cándida y Antoñita

May 11, 2026 | Destacado, fi, Iglesia, Vida Religiosa

El 12 de mayo es una fecha profundamente significativa para  las Hijas de Jesús y toda la Familia Madre Cándida. Recordamos el día en que la Madre Cándida y Antoñita fueron proclamadas beatas, reconociendo en sus vidas una huella de Dios que sigue iluminando nuestro camino hoy. 

Fue hace 30 años en Roma, en la Plaza de San Pedro, el 12 de mayo de 1996, beatificadas juntas, por SS el Papa Juan Pablo II. Ese día la Iglesia reconocía públicamente algo que ya era vida: el Evangelio encarnado en dos mujeres concretas, en dos historias reales, en dos maneras de amar al modo de Jesús. 

Aquel día fue, sobre todo, la confirmación de algo que sigue siendo actual: cuando una vida se entrega con verdad, con confianza y con determinación, Dios hace nuevas todas las cosas.

La Madre Cándida, mujer sencilla y profundamente confiada, respondió a la llamada de Dios con una claridad interior que marcó toda su vida: “Yo sólo para Dios”. Su camino no estuvo exento de dificultades, incertidumbres y límites, pero su determinación la llevó a iniciar una obra que sigue dando vida hoy en tantos lugares del mundo.

Junto a ella, Antoñita —joven, sencilla, llena de deseo de Dios— nos recuerda que no hay edad para vivir con radicalidad el Evangelio. Su vida breve fue, sin embargo, profundamente fecunda.

Celebramos unas “bodas de perla”

Treinta años después, celebramos unas “bodas de perla” justo en este tiempo de acogida y encarnación de la Det CGXIX. Y no es casual. La perla no nace perfecta, ni rápido, ni de una vez: se gesta lentamente, en lo oculto, en medio de la fragilidad, cuando una herida se transforma en belleza. ¿No es eso, en el fondo, nuestro carisma de la M. Cándida?

La vida de la Madre Cándida y de Antoñita nos recuerda que Dios actúa así: en lo pequeño, en lo cotidiano, en lo que parece insignificante… pero vivido con radicalidad. Una mujer sencilla que se atrevió a decir: “el mundo es pequeño para mis deseos” .
Una joven que, con apenas 21 años, se entregó “Es preciso llegar a la cumbre. De hacerlo, hacerlo entero”.

Dos vidas distintas, un mismo fuego.

Hoy, ese fuego no pertenece sólo a las Hijas de Jesús. Hoy, ese fuego tiene muchos rostros.

Este aniversario —casi espontáneamente, en varios lugares del mundo— se convirtió en un día especialmente celebrado por los laicos y laicas de la familia carismática. En un día cariñosa y gratamente recordado por tantos educadores, jóvenes, familias, antiguos alumnos… que, con el mismo espíritu, hacen vida este modo de mirar, de educar, de acompañar, de creer. 

Así, el carisma sigue siendo… una corriente viva. Nació para responder a un mundo concreto —marcado por la exclusión, especialmente de los más vulnerables y de las mujeres en la educación —, pero sigue siendo profundamente actual.
Hoy sigue preguntando y preguntándonos:

  • ¿Quiénes quedan fuera hoy?
  • ¿Dónde estamos llamados a educar, acompañar y cuidar?
  • ¿Qué significa, en 2026, “hacer todo para la mayor gloria de Dios y bien de las personas”?

Celebrar este 30 aniversario no es sólo mirar atrás con gratitud.  Es mirar dentro con verdad… y hacia adelante con audacia.

Porque quizá la pregunta más importante no es qué hicieron ellas. Sino: ¿Qué estamos haciendo nosotros con el carisma y los dones que hemos recibido?

Una invitación abierta

Treinta años después, la invitación sigue abierta:  dejar que este carisma siga tomando forma en nosotros, en nuestras decisiones, en nuestras presencias, en nuestros modos de estar en el mundo… también en los espacios digitales, donde hoy se juegan tantas búsquedas de sentido.

Que la Madre Cándida y Antoñita nos inspiren a vivir con un corazón decidido, disponible y confiado. Que su ejemplo nos anime a dar pasos concretos, a no postergar lo importante, a responder con generosidad a lo que Dios va suscitando en nosotros.

Hijas de Jesús
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