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Espiritualidad sinodal – Sínodo junio 2024

junio 15, 2024

Uno de los aspectos más significativos del Sínodo del 2023 es el reconocimiento que está inspirado y formado por una espiritualidad. El hecho de cultivar una “espiritualidad para la sinodalidad” nos ayuda a integrar nuestra reflexión teológica y ampliar nuestra experiencia de la Iglesia a medida que nos comprometemos más profundamente en el proceso sinodal.

En realidad, a medida que los aspectos de una espiritualidad sinodal se nos presentan, podemos llegar a descubrir en ella los modos en que el Espíritu Santo ilumina la vida de la Iglesia, atrayendo a cada uno a un amor más profundo por Cristo y moviéndonos a desear una comunión, una participación y una misión cada vez mayor. El propósito de este documento no es ofrecer un análisis detallado de la espiritualidad para la sinodalidad y sus fundamentos teológicos. Este importante trabajo debe realizarse, pero requiere un tratamiento más extenso del que es posible en este documento.

En cierto modo, se espera que los fundamentos, la naturaleza y el significado de una espiritualidad para la sinodalidad puedan desarrollarse a la luz del propio proceso sinodal, aprovechando la experiencia de toda la Iglesia. Sin embargo, en esta etapa puede ser útil ofrecer una visión general de los principales rasgos de una espiritualidad sinodal con la esperanza que pueda informar y ayudar al proceso sinodal. Además, se espera que el bosquejo de algunos rasgos y disposiciones centrales de una espiritualidad sinodal proporcione un recurso para aquellos que deseen reflexionar más profundamente sobre las dimensiones sinodales de nuestra vida eclesial.

Muchos pueden preguntarse por cuál motivo es importante exponer una espiritualidad para la sinodalidad. La sinodalidad no es un elemento nuevo de la vida y la autocomprensión de la Iglesia. Es un elemento fundamental de la misma y ha estado presente en muchas formas desde sus orígenes. La sinodalidad es una forma de expresar quiénes somos como cristianos y en qué nos estamos convirtiendo como Iglesia por obra del Espíritu Santo.

Esto es especialmente significativo desde el Concilio Vaticano II, que instituyó el Sínodo de los Obispos y la práctica de las asambleas consultivas a nivel de las iglesias locales. Uno de los rasgos importantes que surgen para nuestra comprensión actual es que el sentido de la sinodalidad no es sólo una teología sino una práctica espiritual.

De este modo, estamos invitados a explorar lo que podría significar una espiritualidad para la sinodalidad y el motivo que proporciona un recurso profundo para la vida eclesial, la comprensión y la reflexión teológica. Ser cristiano es tener una “vocación sinodal” y ésta crece a través de la vida espiritual.

En nuestro mundo marcado por la inmediatez y la prisa, para resolver las situaciones aún las más complejas,  necesitamos vivir la espiritualidad, conjuntamente con todas las demás dimensiones de la persona, no es un apéndice más, es una base firme que nos da sentido, orientación, hacia fines más profundos de la persona humana.

Mientras recorremos este proceso sinodal y nos vamos preparando para la próxima Asamblea, podemos ejercitarnos en esta experiencia espiritual que no anula, antes por el contrario da más plenitud, a otros aspectos de nuestra vida humana en la sociedad actual.

Vivir la espiritualidad, por ejemplo, mientras estamos en el mundo digital,  -no es optativo- la pregunta es cómo estamos, qué decimos, qué mensajes intercambiamos. Y así podemos referirnos a tantas otras realidades de hoy, La espiritualidad no nos aísla de la sociedad, al contrario, nos mete más en ella para dar a todo un sentido de profundidad que nos permite atravesar las apariencias para ir al fondo de las experiencias humanas.

No nos cansemos del camino sinodal. Lo hacemos juntos sin dejar a nadie fuera. Acompasando cuantos ritmos sean necesarios.

María Luisa Berzosa, FI

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