Como Hijas de Jesús, recibimos este nuevo año 2026 con el corazón lleno de esperanza y gratitud por los 365 días que se nos conceden para seguir anunciando a Jesús, disponibles a quienes más nos necesiten, en cualquier parte del mundo… Iniciamos este camino con la mirada puesta en el horizonte que nos regaló la Congregación General XIX, celebrada en mayo de 2025.
Durante este año, estamos especialmente invitadas a seguir haciendo vida las llamadas del Espíritu para las Hijas de Jesús y toda la Familia Madre Cándida, que han quedado expresadas en la «Determinación de la CGXIX», fundamentadas por esas palabras de la M. Cándida que llegan hasta nuestro hoy como revelación: «Deseo se llame de las Hijas de Jesús». Se nos invita a profundizar en nuestra identidad más propia: la filiación. Estamos llamadas a ser mujeres audaces y portadoras de esperanza, capaces de dar respuestas osadas a los desafíos de nuestro mundo actual.
Jornada Mundial de la paz
En este primer día del año, nos unimos también al mensaje del Papa León XIV para la LIX Jornada Mundial de la Paz, bajo el lema: «La paz esté con todos ustedes: hacia una paz “desarmada y desarmante”». El Santo Padre nos recuerda que la paz es una presencia y un camino que debe habitar en nosotros, funcionando como un principio que guía y determina nuestras decisiones. Esta paz, humilde y perseverante, nace de la apertura y de la humildad evangélica, valores que resuenan profundamente con nuestro deseo de ser «Hijas» en el Hijo.
De modo especial, el Papa vincula este llamado a la paz con el Jubileo de la Esperanza, invitándonos a reconocerlo como un tiempo de gracia que impulse un auténtico desarme interior. Que este Jubileo sea un fruto fecundo para la humanidad, despertando en millones de personas la conciencia de saberse peregrinas y animándolas a comenzar en sí mismas ese desarme del corazón, de la mente y de la vida. A este camino, Dios responde fielmente cumpliendo sus promesas: «Él será juez entre las naciones y árbitro de pueblos numerosos. Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas. No levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra. ¡Ven, casa de Jacob, y caminemos a la luz del Señor!» (Is 2,4-5). Así, la esperanza se hace concreta cuando la paz comienza a gestarse en lo profundo de cada persona y se proyecta como luz para el mundo.
Desde el primer día del año, cada día y en cada situación, no escatimemos esfuerzos en lograr la paz.
María Madre de Dios
Y hoy, 1 de enero, la Iglesia celebramos con gozo también la Solemnidad de María, Madre de Dios, el título más grande de María, mujer sencilla y disponible en todo al querer de Dios. Al concluir la octava de Navidad, honramos a María como la Theotokos, reconociendo que ella es verdaderamente la Madre del Hijo eterno de Dios hecho hombre. Al comenzar este camino de vida del nuevo año 2026, nos encomendamos a su protección maternal:
• Ella es nuestra Arca de la Alianza, que llevó en su seno la Palabra misma y el Pan del Cielo.
• Ella es la Estrella de nuestros caminos, que nos guía y acompaña.
• A ella recurrimos para que, como la «llena de gracia», nos ayude a ser las Hijas de Jesús que la Iglesia y la humanidad necesitan hoy.
• A ella nos encomendamos, pidiéndole que nos enseñe a amar a Jesús y a vivir con Él y como Él.
Que María, Madre de Dios y Madre nuestra nos lleve a Jesús cada día del año que hoy estrenamos.
¡Feliz y bendecido 2026!



