Seguimos caminando este tiempo de Adviento, un camino que nos invita a despertar, abrirnos y dejarnos transformar. Si el primer domingo nos llamaba a despertar a la esperanza, hoy la Palabra nos recuerda que esa esperanza crece y se sostiene cuando nos acogemos unos a otros, cuando dejamos que el Espíritu nos haga más fraternas, más unidas, más cuerpo, más familia.
Acogemos la Palabra
Hermanos:
Todo lo que se escribió en el pasado, se escribió para enseñanza nuestra, a fin de que a través de nuestra paciencia y del consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza.
Que el Dios de la paciencia y del consuelo os conceda tener entre vosotros los mismos sentimientos, según Cristo Jesús; de este modo, unánimes, a una voz, glorificaréis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.
Por eso, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios.
Es decir, Cristo se hizo servidor de la circuncisión en atención a la fidelidad de Dios, para llevar a cumplimiento las promesas hechas a los patriarcas y, en cuanto a los gentiles, para que glorifiquen a Dios por su misericordia; como está escrito:
«Por esto te alabaré entre los gentiles y cantaré para tu nombre». (Rm. 15, 4-9)
San Pablo nos recuerda que la esperanza no se sostiene sola: se alimenta en la paciencia, en el consuelo mutuo, en la unión, en la Escritura que ilumina, y en la acogida fraterna.
El Adviento, entonces, nos invita a mirar cómo nos relacionamos, cómo construimos comunión, cómo dejamos que Cristo unifique nuestros sentimientos y pasos.
La Determinación ilumina nuestro camino
“Es urgente fortalecer la comunicación a todos los niveles para que sea más inclusiva, que afiance los vínculos fraternos, la unión de ánimos y el sentido de pertenencia a un cuerpo en misión.” (Determinación CG XIX n. 14)
Esta llamada resuena profundamente con la Palabra de la segunda lectura de este domingo: acogeos mutuamente.
La comunicación —cuando es verdadera, sincera, inclusiva— se convierte en un lugar donde la acogida se hace visible y concreta.
Comunicar no es solo transmitir información: es crear vínculos, romper distancias, fortalecer el “nosotras”, favorecer la transparencia que lleva a la confianza, cultivar la fraternidad que hace creíble nuestro testimonio.
En este Adviento, fortalecer la comunicación es una manera concreta de “preparar el camino del Señor”.
Resuena en nuestra vida
El Adviento siempre nos orienta hacia un Dios que se acerca, que se hace pequeño para unir, para reunir, para reconciliar.
¿Qué puedes hacer para crecer en comunión a través de la comunicación?
Que este Adviento nos encuentre construyendo vínculos que hablen de Dios, animadas por la esperanza y movidas por el deseo de vivir más unidas.






