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III Domingo de Pascua: Un corazón que arde y construye paz

Abr 18, 2026 | Destacado, fi, Liturgia - oración

Seguimos caminando en este tiempo de Pascua, dejándonos acompañar por el Resucitado que se hace presente en lo cotidiano, en nuestros caminos, en nuestras búsquedas… también en nuestras dudas y desconciertos… El domingo pasado contemplábamos su saludo lleno de consuelo: “La paz esté con vosotros”, un don que transforma el corazón y nos envía a ser testigos. 

El Evangelio de este domingo nos regala el relato de los discípulos de Emaús (Lc 24, 13-35). Dos caminantes desanimados, con el corazón herido por la tristeza, sumidos en discusión inútil, descubren —sin reconocerlo al principio— que Jesús mismo camina con ellos. Y al final, al partir el pan, sus ojos se abren y exclaman: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino?”

También hoy, el Resucitado se acerca a nuestras vidas, camina a nuestro ritmo, nos escucha como estamos y enciende de nuevo la esperanza.

El mensaje de Pascua del Papa León XIV en la bendición Urbi et Orbi nos ofrece una clave profunda para comprender esta presencia: “La fuerza con la que Cristo resucitó no es violenta. Es semejante a la de un corazón humano que, lastimado por una ofensa, rechaza el instinto de venganza y, lleno de bondad, reza por quien le ha ofendido.”

Esta es la fuerza de la Pascua: una fuerza que no impone, sino que transforma desde dentro; una fuerza que elige la bondad, el perdón y la paz.

Desde el Gobierno General de las Hijas de Jesús se nos plantea una pregunta que nos interpela directamente: “¿Qué tipo de presencia estoy ofreciendo al mundo?”

Una presencia que enciende el corazón

En medio de un mundo marcado por tensiones, conflictos y heridas —donde tantas veces la violencia parece tener la última palabra o ser la “mejor” solución— el Resucitado nos invita a ser una presencia distinta.

Como en Emaús, estamos llamados a acompañar, escuchar, sostener, ayudar a decirnos verdad… a ser una presencia que ayude al encuentro con Quien hace arder el corazón de otros, que devuelva la esperanza, que abra caminos de reconciliación.

Ser constructores de paz no es algo abstracto. Es una decisión concreta que comienza en lo pequeño: en nuestras palabras, en nuestras actitudes, en nuestra manera de mirar y tratar a los demás.

Hoy, más que nunca, el mundo necesita testigos de una paz que nace de un corazón transformado por el amor.

Oración

Jesús resucitado, gracias porque iluminas nuestro corazón.
Llénalo de tu bondad para ser constructores de paz.
Venga a nosotros tu paz.

Hijas de Jesús
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