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Santo Nombre de Jesús

Ene 3, 2026 | Liturgia - oración, Noticias

Seguimos caminando en el tiempo de Navidad, contemplando el misterio de un Dios que se ha hecho cercano, que ha tomado nuestra carne y ha querido compartir nuestra historia.

Hoy, en la fiesta del Santo Nombre de Jesús, se nos regala detenernos en el Nombre que nos salva, el Nombre que expresa quién es Dios y cómo ama, y qué da identidad y sentido profundo a nuestra vocación como Hijas de Jesús.

Pronunciar el nombre de Jesús es entrar en relación con Él, acoger su modo de vivir, de amar y de entregarse.

Acogemos la Palabra

Si algo puede una exhortación en nombre del Mesías,
o un consuelo afectuoso,
o un espíritu solidario,
o la ternura del cariño,
colmad mi alegría sintiendo lo mismo,
con amor mutuo, concordia y buscando lo mismo.

No hagáis nada por ambición o vanagloria,
antes bien, con humildad,
tened a los otros por mejores.
Nadie busque su interés, sino el de los demás.

Tened los mismos sentimientos del Mesías Jesús,
el cual, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de ser igual a Dios;
sino que se vació de sí
y tomó la condición de esclavo,
haciéndose semejante a los hombres.

Y mostrándose en figura humana
se humilló, se hizo obediente hasta la muerte,
y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó
y le concedió un nombre superior a todo nombre,
para que, ante el nombre de Jesús,
toda rodilla se doble
en el cielo, la tierra y el abismo;
y toda lengua confiese,
para gloria de Dios Padre:
¡Jesucristo es Señor!

Flp 2, 1-11

Este himno nos conduce al corazón del misterio cristiano: el Nombre de Jesús está inseparablemente unido a su modo de amar, a su anonadamiento, a su humildad y a su entrega total.  Confesar su Nombre es asumir sus sentimientos, su estilo, su manera de estar en el mundo. Actuar en su Nombre es ser instrumentos de su salvación y a su tiempo y modo.

La Determinación ilumina nuestro camino

“En la experiencia espiritual de la Madre Cándida, que ha llegado hasta nosotras a través de la tradición oral y escrita, reconocemos el nombre de Hijas de Jesús como un verdadero acontecimiento de revelación.
Este nombre no es simplemente una denominación, sino una profunda iluminación que marcó su vida y que continúa inspirándonos hoy para seguir discerniendo cómo se nos revela el misterio de la filiación en nuestro tiempo.
La llamada a ser hijas en el Hijo integra nuestra vocación y misión: desvela la raíz de nuestro ser y, además, ilumina la forma de vivir plenamente y de comprender la hondura del amor del Padre.” (Determinación 7)

Celebrar el Santo Nombre de Jesús es también celebrar el nombre que llevamos. No como un título, sino como una gracia recibida y una responsabilidad confiada.

Ser Hijas de Jesús significa dejarnos configurar por Él, aprender de sus sentimientos, vivir desde la filiación y hacer visible, con la vida, el amor del Padre.

Resuena en nuestra vida

El Nombre de Jesús nos acompaña, nos precede y nos envía. Nos recuerda que nuestra vocación nace de una revelación, se sostiene en la gracia y se expresa en una vida humilde, fraterna y entregada.

“Que Jesús nos bendiga y nos dé su gracia para que llevemos como es de su agrado el nombre tan grande que llevamos, siendo verdaderas Hijas de Jesús.” (Carta MF 368)

Encarnar el nombre que llevamos es vivir, cada día y en cada situación, deseando, buscando y eligiendo ser verdaderas Hijas de Jesús. Que esta fiesta renueve en nosotras la alegría, la gratitud y el compromiso de vivir con los mismos sentimientos de Cristo Jesús.

Hijas de Jesús
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