Comenzamos el Primer Domingo de Adviento, un tiempo en el que la Iglesia nos invita a despertar, a abrir los ojos y el corazón para reconocer que Dios sigue viniendo, sigue naciendo, sigue apostando por nuestra vida. Nosotras iniciamos nuestro camino para un «renacer filial»
Este primer domingo, ya en las últimas semanas del Jubileo “Peregrinos de esperanza”, nos recuerda, precisamente, que la esperanza es una decisión: una manera de situarnos en la historia y de mirar lo que vivimos desde la certeza de que la salvación está cerca.
Acogemos la Palabra
Hermanos:
Comportaos reconociendo el momento en que vivís, pues ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe.
La noche está avanzada, el día está cerca: dejemos, pues, las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz.
Andemos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas y borracheras, nada de lujuria y desenfreno, nada de riñas y envidias. Revestíos más bien del Señor Jesucristo. (Rom 13, 11-14)
San Pablo nos invita a reconocer el tiempo que estamos viviendo. No cualquier tiempo, sino uno en el que Dios sigue trabajando, despertándonos, acercándo su salvación a nuestras vidas desde lo pequeño de cada día….
El Adviento se abre así como un llamado a vivir en la luz, a dejar atrás lo que apaga la vida, y a “revestirnos” asemejándonos al modo de Jesús, para caminar con dignidad y esperanza.
La Determinación que ilumina nuestro camino
“Nuestro estilo de vida debe manifestar con claridad que somos mujeres de fe y esperanza, arraigadas en la certeza del amor de Dios. Anhelamos una vida consagrada más elocuente, que nuestras palabras y gestos hablen de Dios de manera significativa, incluso en un mundo que parece indiferente o reacio a escuchar su mensaje.” (Determinación CG XIX n. 13)
Estas palabras de la Determinación resuena especialmente en este primer domingo de Adviento. La esperanza no es solo un sentimiento: es un estilo de vida que se encarna y manifiesta en nuestras opciones, gestos, ritmos, en cómo nos relacionamos y cómo miramos la realidad.
El Adviento nos invita a volver a lo esencial: a permitir que nuestra vida sea signo humilde, pero real, de luz, en un mundo que necesita testimonios sencillos y auténticos.
Resuena en nuestra vida
Este primer domingo te invitamos a detenerte, respirar, despertar… y mirar con honestidad qué puede renacer en ti.
¿Qué deseas potenciar para que tu estilo de vida hable más de ti como persona de fe y esperanza, arraigada en la certeza del amor de Dios?
Que este Adviento nos encuentre con el corazón despierto, atentos al paso de Dios y llenas de esperanza.






