Un llamado urgente a reconocernos hermanos y hermanas
Como Hijas de Jesús y Familia Madre Cándida, nos unimos con alegría y esperanza a la celebración del Día Internacional de la Fraternidad Humana, que tiene lugar cada 4 de febrero. Esta fecha no es solo una efeméride en el calendario, sino un llamado profundo y actual a reconocer que todos somos hermanos y hermanas, llamados a construir juntos un mundo de paz, justicia y convivencia.
Este día fue proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en diciembre de 2020, y tiene su origen en un gesto profundamente profético ocurrido hace siete años, el 4 de febrero de 2019, cuando el Papa Francisco y el Gran Imán de Al-Azhar, Ahmad Al-Tayyeb, firmaron en Abu Dhabi el Documento sobre la Fraternidad Humana por la Paz Mundial y la Convivencia Común. Un gesto valiente que nos recuerda que las religiones nunca deben ser fuente de división, odio o violencia, sino manantiales de dignidad, encuentro y amor fraterno.
Un gesto que necesita hacerse realidad cada día para avanzar en el camino de la Paz Mundial en este momento de la historia en el que el mundo enfrenta un número récord de conflictos armados, con estimaciones que varían entre 56 conflictos de alta intensidad, según el Índice de Paz Global, y más de 120-170 conflictos activos totales documentados por otras fuentes como el CICR y ACLED. Esta cifra representa el punto más alto desde la Segunda Guerra Mundial, con un aumento significativo en la internacionalización de las guerras.
Fratelli tutti: claves para nuestro caminar
Este llamado a la fraternidad encuentra un eco profundo en la encíclica Fratelli tutti. El Papa Francisco nos invitaba a cambiar el rumbo y a apostar por una amistad social que no excluya a nadie. Algunas de sus claves iluminan especialmente nuestro camino hoy:
- Un solo “nosotros”: la experiencia de la pandemia nos recordó que estamos en la misma barca y que nadie se salva solo. Estamos llamados a pasar de la cultura del descarte a una conciencia de comunidad mundial.
- La dignidad humana como fundamento: toda persona, sin excepción, posee una dignidad inviolable, más allá de su origen, cultura o circunstancia.
- El diálogo como camino: el encuentro sincero y el diálogo respetuoso son herramientas indispensables para sanar heridas sociales y fortalecer los vínculos humanos.
- Justicia y bien común: no puede haber fraternidad universal sin justicia y sin una “buena política” que esté verdaderamente al servicio de todas y todos.
Fraternidad que se hace misión: luz de la CG XIX
La fraternidad que celebramos no es solo un ideal, sino una vocación que brota del corazón del Evangelio. Tal como nos recuerda la Determinación n. 8 de la CG XIX:
“Jesucristo es la fuente inagotable de esta fraternidad que nos define y nos impulsa. Estamos urgidas, por vocación, a reconstruir fraternidad donde los vínculos están rotos y a tender puentes de humanidad. Este don es una esperanza para el mundo.”
Desde esta convicción profunda, entendemos que la fraternidad no es una tarea opcional, sino parte esencial de nuestra identidad como Hijas de Jesús. Estamos llamadas a reconstruir vínculos heridos, a tender puentes donde hay muros, a ser presencia reconciliadora en medio de un mundo fragmentado. En un tiempo marcado por la polarización, la exclusión y la indiferencia, este don se convierte verdaderamente en esperanza para la humanidad.
Ser buena noticia de fraternidad en cada relación
La Determinación de la CGXIX en su n. 9 nos lo expresa con sencillez y fuerza:
“Ser buena noticia de fraternidad en cada relación.”
Este es nuestro camino concreto: hacer de cada encuentro un espacio de humanidad, de cada vínculo una oportunidad de comunión, de cada gesto una semilla de paz. La fraternidad se construye en lo cotidiano: en la escucha, en la acogida, en la paciencia, en el cuidado mutuo, en la cercanía con quienes más sufren.
Como Hijas de Jesús, sabemos que el manantial de esta fraternidad es Jesucristo, y caminamos confiadas bajo el amparo de María, nuestra Madre, pidiendo la gracia de ser presencia viva de fraternidad, allí donde estamos, allí donde somos enviadas.






