Es miércoles de ceniza y con este día comenzamos la Cuaresma.
La experiencia de Cuaresma nos regala una llamada clara: dejarnos reconciliar con Dios y con la vida. Nos ayuda a ver que la conversión no es solo un esfuerzo personal, sino una gracia que se nos ofrece aquí y ahora. San Pablo nos urge a acoger este tiempo como oportunidad de salvación. Él nos recuerda que no hay que esperar al momento perfecto: este es el tiempo favorable, este es el día de la salvación.
También como Congregación, las Hijas de Jesús vivimos un “tiempo favorable”: un tiempo para parar, revisar, soltar lo que ya no ayuda y fortalecer lo que da vida. Reconocer nuestra vulnerabilidad no es una debilidad, sino el primer paso para abrirnos a la gracia y caminar con esperanza hacia lo nuevo que Dios quiere hacer. Es tiempo de discernir con esperanza cómo adecuarnos mejor a la misión que se nos confía hoy. La ceniza nos sitúa en verdad, y desde ahí nos abre a una fortaleza que no nace de la autosuficiencia, sino de la confianza en Dios y del sentido de Cuerpo.
“Ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación”
Hermanos. Nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios. Secundando su obra, os exhortamos a , porque él dice: «En tiempo favorable te escuché, en día de salvación vine en tu ayuda»; pues mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación. 2 Cor 5,20–6,2
Prioridad: De la vulnerabilidad a la fortaleza: un proceso de adecuación con esperanza
Con una mirada llena de Esperanza, sentimos que nos urge la evaluación de nuestras comunidades, obras y tareas apostólicas, a la luz inspiradora de las Constituciones y Directrices y normas complementarias con el fin de responder mejor a las necesidades actuales. Igualmente, nos urge una adecuación que tenga en cuenta la sostenibilidad del Cuerpo universal. Con esta esperanza como guía, discerniremos con sabiduría dónde enfocar nuestras fuerzas. Para posibilitar esta necesaria adecuación, la actitud de disponibilidad y el sentido de Cuerpo son pilares fundamentales.
Asimismo, abrazamos nuestra vulnerabilidad con confianza y abandono en Dios, abriéndonos a recibir la ayuda de los demás con humildad y organizándonos de forma que podamos seguir dando respuesta a los gritos más acuciantes de la humanidad. Det CGXIX n. 21
Pregunta para el discernimiento
¿Qué cambios concretos sentimos hoy que el Señor nos invita a hacer, personal y comunitariamente, para vivir este tiempo de adecuación con disponibilidad y esperanza y así, responder mejor a la misión ?
Propuesta de oración ignaciana



