Nos seguimos preparando para la Fiesta de Pentecostés, de la mano de Jóvenes FI, que nos invitaron a unirnos en oración unos países por otros, en esa Red de oración internacional tan hermosa que se ha formado, en en esta diversidad de nuestra familia carismática en tantos lugares del mundo. Y la oración lleva a la misión. Hoy, ya cercanos a la fiesta de Pentecostés, junto a Jóvenes FI, nos sentimos urgidos a compartir el bien que recibimos, comprometernos con quiénes más lo necesitan y llevar a otros la luz y fuego del Espíritu. Nos ayudan a disponernos para “andar en el espíritu”
Pentecostés es la fiesta del Espíritu, la fiesta de la Iglesia.
Los discípulos dejaron atrás el miedo que los mantenía encerrados y se pusieron en camino.
“Y todos quedaron llenos de Espíritu Santo” (H 2,4)
Pentecostés también acontece para nosotros, Jóvenes FI, que hemos experimentado la alegría del Resucitado en nuestra vida. Hemos sentido su llamada, su cercanía, su modo de sostener la esperanza aun en medio de nuestras fragilidades. Y precisamente por eso queremos ser sus testigos.
El Espíritu Santo derrama sus dones sobre nosotros y nos llena de fuerza y lucidez para enviarnos a transformar el mundo desde cada decisión, cada encuentro y cada herida humana que reclama esperanza.
Andar en el Espíritu significa
Contagiar la alegría de Jesús resucitado.
Contagiar esperanza.
Contagiar cercanía.
Contagiar humanidad.
Contagiar vida.
Andar en el Espíritu nos lleva a…
No pasar de largo ante el dolor del mundo.
Dejarnos tocar por el sufrimiento de tantas familias obligadas a abandonar sus hogares a causa de la guerra, el hambre o los desastres naturales.
Permanecer atentos a niños y ancianos abandonados.
Acercarnos sin prejuicios a quienes tantas veces etiquetamos o excluimos.
Y caminar junto a tantos jóvenes que viven sin horizontes y necesitan sentido y esperanza.
Ahí el Espíritu nos envía.
Ahí nos espera Jesús.
El Espíritu ha puesto en nosotros una llama.
Y esa llama no es para guardarla.
Es para contagiarla.
Que esta fiesta de Pentecostés nos encuentre con el corazón abierto.
Dispuestos a dejarnos mover por el Espíritu.
Dispuestos a andar en Él.
Dispuestos a ser llama, luz y calor, en medio del mundo.Ven, Espíritu Santo.
Enciende en nosotros el fuego de Jesús.



