Salamanca, lugar de nuestros orígenes y memoria viva de la Madre Cándida, ha acogido la visita canónica de nuestra Superiora General, Graciela Francovig fi, acompañada por la consejera general Iris Altagracia fi.
Han sido días serenos, marcados por los encuentros personales, los diálogos, la oración y el compartir de la vida cotidiana. Una oportunidad para acercarse a la realidad de las hermanas, escuchar sus experiencias y agradecer juntas el don de la vocación y la alegría de seguir siendo Hijas de Jesús.
La visita ha recorrido las comunidades de Mostenses, Santa Cándida y Montellano-Garrido, así como las distintas presencias educativas y apostólicas que mantienen vivo el carisma de la Madre Cándida en la ciudad.
Compartir la vida, escuchar y acompañar
Los primeros días, en las comunidades de Mostenses y Comunidad Madre Cándida, Graciela ha podido encontrarse personalmente con las hermanas y compartir con ellas la oración, los recreos, la mesa y la sencillez de cada día.
Son comunidades donde muchas hermanas, después de tantos años de vida consagrada y entrega, continúan ofreciendo generosamente su vida. En ellas, lo cotidiano se convierte en espacio de presencia, fraternidad y fidelidad.
La visita ha sido también una ocasión para escuchar el tono vital de cada comunidad, acoger sus inquietudes y reconocer la entrega silenciosa de tantas hermanas que siguen haciendo presente el amor de Jesús desde lo pequeño y profundo de nuestro carisma.
Colegio Sagrado Corazón: sembrar vida desde los primeros años
La presencia de Graciela en Salamanca ha incluido el encuentro con el Colegio Sagrado Corazón. Allí ha saludado al director y al Claustro, compartiendo también con el equipo directivo y profesores de amplia trayectoria en la docencia, la pastoral y la dirección del centro.
Un momento especialmente entrañable ha sido el encuentro con los más pequeños, los alumnos del primer ciclo de Educación Infantil, de tan solo uno y dos años, que comienzan su camino educativo en nuestro colegio.
Una visita que permite reconocer la vida que crece cada día en nuestras obras educativas y la misión de acompañar, educar y cuidar a cada persona desde sus primeros pasos.
Montellano-Garrido: una presencia que acompaña y sostiene mucha vida
La visita a la comunidad de Montellano-Garrido ha permitido acercarse a la misión que las hermanas sostienen desde sus dos casas, en Montellano, y en el barrio de Garrido.
En Montellano, la comunidad cuida la historia y las raíces congregacionales, al tiempo que acompaña la vida de las 96 jóvenes del Colegio Mayor Montellano. Su presencia se extiende también a las clases en el Colegio Sagrado Corazón, la pastoral juvenil y el Proyecto Talita.
En Garrido, la vida se hace cercana en el barrio y en las parroquias. Las hermanas, vecinas entre la gente, comparten la vida cotidiana y acompañan procesos que van creando verdaderas redes de cuidado, en colaboración con iniciativas como Ranquines y Cáritas.
Es una comunidad pequeña, con dos casas, pero que acompaña y sostiene mucha vida. Una vida que se teje en la cercanía, en el servicio, en los vínculos y en tantos espacios donde nuestra presencia se hace acogida, cuidado e historia.
Casa Talita: acoger y acompañar para abrir caminos de futuro
Uno de los momentos significativos de la visita ha sido el encuentro con el equipo de Casa Talita, un proyecto intercongregacional de acogida y acompañamiento a jóvenes en situación de vulnerabilidad.
Graciela e Iris, han podido conocer el piso y saludar a dos de las jóvenes acogidas, así como conversar con el equipo responsable, del que forma parte nuestra hermana Mari Carmen Escalante, junto con las Hermanas de la Consolación.
Casa Talita ofrece a jóvenes que, al cumplir los 18 años, deben abandonar los centros de menores y no cuentan con un lugar al que acudir, una vivienda segura y un acompañamiento que les ayude a iniciar su proceso de emancipación hacia la vida adulta.
Un encuentro fraterno con corazón universal
La visita ha culminado con un encuentro de las tres comunidades de Salamanca, en la fiesta de Nuestra Señora de la Merced, junto a las hermanas de Última Probación, que acaban de llegar para culminar la experiencia de la Ruta de la Madre Cándida.
La merienda-cena, precedida por un momento de oración y bendición de la mesa, ha sido ocasión para compartir la alegría de la visita canónica y celebrar la riqueza de la universalidad del Cuerpo congregacional.
La presencia de las jóvenes hermanas en formación, procedentes de distintos países, Brasil, Oriente, Filipinas, Uruguay y Vietnam, ha hecho especialmente visible el sueño de la Madre Cándida: llegar hasta el fin del mundo y que, en todas las épocas y lugares, podamos llegar a ser verdaderas Hijas de Jesús.
En ese encuentro, celebrado el 24 de septiembre, fiesta mariana, se ha recordado también, con alegría y agradecimiento, el aniversario de los votos de las primeras Hijas de Jesús y de tantas hermanas que a lo largo de la historia han entregado su vida en este día.
Juntas, han encomendado a María el camino que como Congregación se ha iniciado: el itinerario de profundización en la filiación: “En camino hacia la raíz de nuestra vocación: SER HIJAS”. Porque, ¿quién mejor que Jesús para mostrarnos el camino? Pareciéndonos a Él como una hija se parece a su Padre.
Gracias, Señor, por estos días de encuentro, por la vida compartida y por la alegría de seguir caminando juntas como Hijas de Jesús.











