Hemos caminado juntos esta Semana Santa: entrando con Jesús, aprendiendo a amar sin cálculo, dejándonos transformar por su mirada, reconstruyendo vínculos, sirviendo con humildad, permaneciendo junto a la cruz y cuidando la esperanza en el silencio. Y hoy, finalmente, la vida irrumpe con fuerza.
La piedra ha sido removida. La vida SÍ tiene la última palabra.
La Pascua no es solo un acontecimiento que celebramos, es una vida nueva que se nos regala y que nos envía de nuevo al mundo. Allí donde estamos, estamos llamados a cuidar la vida, a reconocerla, a acompañarla y a hacerla crecer.
Porque la resurrección comienza en lo pequeño: en un gesto, en una palabra, en una presencia que levanta y anima.
Hoy resuena con fuerza esta llamada: alentar la vida allí donde estamos (CGXIX)
Y nos preguntamos:
¿Dónde descubro hoy signos de vida nueva?
Tal vez el gesto sea sencillo, pero lleno de luz: compartir con alguien un mensaje de esperanza, ser portadores de esa vida que hemos recibido.
Y desde ahí, hacemos oración: Señor, haznos testigos de tu vida.



