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El «Sí» que encarna la esperanza en un mundo roto

Mar 24, 2026 | Iglesia, Justicia Social, Noticias, Sociedad

Cada 25 de marzo, la Iglesia celebra la Anunciación: aquel momento en que el diálogo entre Dios y la humanidad, mediado por el «sí» de María, permitió que la Palabra se hiciera carne. Hoy, este misterio nos interpela con una urgencia nueva. En un contexto global que se nos presenta volátil, incierto y complejo, marcado por una creciente deshumanización y una humanidad fracturada, la pregunta resuena con fuerza: ¿Cómo anunciar que Cristo se hace humanidad, también hoy?.

Un «Sí» frente a un mundo roto

Nuestra realidad mundial está herida por la violencia y las ansias de dominio. Los documentos de nuestra última Congregación General XIX nos advierten sobre las estrategias de los poderosos que buscan controlar el mundo a través de la posverdad, la polarización y el populismo, alimentando guerras, desplazamientos forzados y una cultura del descarte que margina a millones.

Frente a un mundo que algunos intentan repartirse  como si fuera un botín, la Anunciación nos recuerda que el proyecto de Dios no pasa por el control y el poder, sino por la filiación y la fraternidad. Así como la Encarnación no habría sucedido sin la palabra de María, hoy el Señor busca instrumentos humanos para que su obra de encuentro y paz sea posible.

Encarnar a Cristo en las periferias

Para las Hijas de Jesús, la misión de este sexenio es clara: estamos llamadas a una «nueva narrativa» en nuestra forma de vivir. No podemos ser indiferentes a las periferias geográficas y existenciales que se multiplican. Estos lugares no son solo puntos en un mapa social; son «espacios en los que encarnar la presencia viva de Cristo».

Anunciar que Cristo quiere hacerse humanidad en un mundo violento significa:

  • Ser sembradoras de paz en medio del conflicto.
  • Tender puentes de humanidad donde los vínculos están rotos.
  • Ser mujeres audaces y portadoras de esperanza, capaces de dar respuestas osadas a la injusticia.

También en la oración de este mes, el Santo Padre nos invita a rezar para que «cada palabra amable, cada gesto de reconciliación y cada decisión de diálogo sean semillas de un mundo nuevo».

Nuestra llamada: Ser esperanza

Hoy el mundo necesita que nuestras palabras y gestos hablen de Dios de manera significativa, incluso a quienes parecen reacios a escuchar. Al igual que María, se nos pide nuestro sí, se nos pide «nacer de nuevo» para reconstruir la fraternidad y manifestar que somos hijas y hermanas en un mundo que, con mucha frecuencia y en muchas situaciones, ha olvidado cómo serlo.

En este día de la Anunciación, miremos a María. Que su capacidad de escucha y su valentía nos inspiren para que, a través de nuestra entrega, Jesús siga encarnándose donde la vida está más amenazada. Somos enviadas a llevar a Jesús al mundo, convencidas de que Él sigue haciendo nuevas todas las cosas.

Para la reflexión personal:

  • ¿A qué periferia existencial me envía  el Señor para «encarnar» su presencia hoy?
  • ¿Cómo puede mi «sí» cotidiano ayudar a sanar una herida en mi entorno cercano?
Hijas de Jesús
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