Seguimos avanzando en este camino pascual, donde el Resucitado no deja de salir a nuestro encuentro. Si en los domingos anteriores hemos contemplado su paz que consuela y su presencia que hace arder el corazón, hoy se nos presenta como Aquel que nos abre un camino: una puerta hacia la Vida.
El Evangelio de este domingo (Jn 10, 1-10) nos trae una afirmación clara de Jesús: “Yo soy la puerta”. No es solo una imagen, es una invitación, una definición de su identidad que nos pone en movimiento interno, con libertad y audacia. Jesús se presenta como la entrada y camino a una vida plena, a un espacio de verdad y de libertad. Entrar por Él es elegir un modo de vivir, un modo de amar, un modo de relacionarnos con los demás.
El mensaje pascual del Papa León XIV nos coloca ante una verdad profunda: “El Señor, con su resurrección, nos enfrenta con mayor intensidad aún al drama de nuestra libertad. Frente al sepulcro vacío podemos llenarnos de esperanza y asombro, como los discípulos, o de miedo.”
Desde el Gobierno General de las Hijas de Jesús, la pregunta que se nos ofrece ilumina este discernimiento: “¿Mi modo de estar genera paz, confianza, reconciliación?”
Elegir cada día la paz
Jesús, como puerta, nos invita a entrar en una dinámica nueva: la de la paz que se construye con decisiones concretas. No basta con desear la paz, estamos llamados a generarla, a elegir efectivamente las opciones que garanticen la paz.
En un mundo donde tantas puertas parecen cerrarse —por el miedo, la violencia o la indiferencia— nosotros podemos ser signo de apertura: acogiendo, escuchando, reconciliando.
Nuestra libertad es un don, pero también una responsabilidad. Cada palabra, cada gesto, cada actitud puede abrir caminos de paz… o cerrarlos.
Oración
Jesús resucitado, gracias porque nos llamas a generar paz en los demás.
Que con nuestra libertad, decidamos siempre por la paz.
Venga a nosotros tu paz.



