Desde el pasado 15 de octubre, las siete junioras de la Última Probación viven en Roma su mes de Ejercicios Espirituales Ignacianos, que se prolongará hasta el 15 de noviembre. Antes de comenzarlos les pedimos que pusieran en unas breves palabras e imágenes lo que deseaban para este tiempo de gracia. Hoy, ya bien adentradas en el mes, queremos compartir esos deseos con toda la Familia Madre Cándida, para que sigamos acompañándolas con la oración.
Lo que desean para estos Ejercicios Espirituales
Mary Mae
Un deseo de encontrar a Dios en lo que se despliega en el silencio y la oración.
Inma
Mi expectativa en los Ejercicios Espirituales: estar dispuesta a cruzar la puerta del corazón que Dios ya abrió, conocerme a mí misma, encontrar a Cristo, y que mi corazón permanezca abierto para vivir la vocación de amar y servir.
Crystal
Deseo tener un corazón abierto para encontrarme profundamente con Jesús y permitir que Él transforme mi corazón según su voluntad.
Cintia
Espero vivir los Ejercicios Espirituales con hondura y mucha confianza en Dios.
Celina
Que sea un tiempo de gracia, de sentir y gustar del amor de Dios que ha dado sentido a mi historia, para más amarlo y servirlo allí donde me envíe. Deseo ser dócil a su paso y disponerme para el fin que Él sueña para mi vida. Aquí estoy, Señor, ayúdame a dejar ir lo que impide abrazar y responder con confianza la nueva vida que tú quieres regalarme.
Ann
En estos Ejercicios Espirituales, deseo abrirme libremente al amor de Dios, para amar y asemejarme cada vez más a Él.
Cecilia
La libertad interior y la escucha de los movimientos interiores para tomar las decisiones importantes de la vida según la voluntad de Dios y no según la propia.


Las acompañamos con nuestra oración
Estas palabras hablan de silencio, de corazones abiertos, de confianza y de disponibilidad. Son deseos sencillos y hondos, y también una invitación para toda la Familia Madre Cándida: orar con confianza para que Dios les regale lo que han pedido y, aún más, aquello que solo Él sabe que cada una necesita.
Nos invitamos a cantar con ellas y por ellas, la canción que tan bonitamente expresa el “Yo solo para Dios” de Juana Josefa, aquella muchacha vasca que luego sería la Madre Cándida:
“Sólo en Dios he de poner mi corazón, mi esperanza y mi amor, sólo en Dios he de poner la mirada, sin mirar atrás…”
Que el Señor las siga guiando en este tiempo de encuentro, de escucha y de discernimiento, y que fortalezca su vocación de amar y servir.



