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El grupo de última probación inicia la Ruta de Santa Cándida

Sep 22, 2026 | Destacado, España, Hijas de Jesús, Juventud, Vida Religiosa

El grupo de hermanas de la última probación de las Hijas de Jesús ha comenzado con profunda gratitud los primeros días de un camino de regreso a las raíces de su Fundadora, la Madre Cándida María de Jesús. En estos días tuvieron como guías a las hermanas Maite Ortega y Rosa Romo, quienes con disponibilidad y compromiso asumieron este servicio.

Recorriendo las raíces de la Madre Cándida 

El 16 de septiembre fue un día especialmente significativo, un verdadero regalo poder visitar Andoain, lugar de nacimiento de la Madre Cándida. Allí recorrieron la Casa Berrospe, tuvieron la Eucaristía en la capilla de Berrospe y visitaron luego la parroquia de San Martín, donde bautizaron a la Madre Fundadora.

También tuvieron la oportunidad de conocer la fuente a la que la Madre Cándida acudía para recoger flores para la Virgen María y donde, sin duda, su corazón de hija encontraba un espacio para la oración y el encuentro con Dios.

El 17 de septiembre, la peregrinación continuó en Tolosa, donde visitaron el Colegio San José de Tolosa, una obra que costó mucho a la Madre Cándida fundar y sacar adelante.

El espíritu sigue vivo en este lugar, especialmente al contemplar la manera en que las personas se acogen y se tratan como verdaderos hermanos y hermanas. En Tolosa se percibe también de una manera especial la presencia de la Beata Antonia Bandrés, al ser su lugar de nacimiento. Fue muy conmovedor contemplar su imagen en la parroquia y descubrir que se conserva el baptisterio donde recibió el sacramento del Bautismo.

El 18 de septiembre, las hermanas vivieron otra experiencia de gracia al visitar Loyola, tierra de san Ignacio de Loyola. Recorrieron el Santuario y la Basílica de San Ignacio, la capilla de la conversión de San Ignacio donde tuvieron la misa. La capilla de la Virgen de Olatz, la casa del hermano Francisco Gárate y el hospital Magdalena. Cada uno de estos lugares les permitió acercarse un poco más a la historia de fe que ha marcado profundamente el camino de la Madre Cándida y de su Congregación.

El 19 de septiembre, la ruta continuo hacia la tierra de San Francisco Javier. Allí visitaron el Castillo donde nace y crece. La capilla donde lo bautizaron, y la Basílica. Luego a pocos kilómetros se encuentra el Monasterio de Leyre, donde pudieron visitar la cripta y la Iglesia de Santa Maria de Leyre.

Una experiencia que toca el corazón

Visitar la casa y los lugares vinculados a la Madre Cándida fue una experiencia profundamente emotiva. En cada rincón se percibe de algún modo su presencia y su espíritu. Se puede sentir también el cariño con el que la gente de su tierra la recuerda y el orgullo que sienten por ella.

Toca profundamente el corazón poder contemplar con los propios ojos y tocar los lugares donde ella nació y donde comenzó a crecer en la fe que, con el paso de los años, le daría la fortaleza para seguir a Jesús con generosidad y confianza.

La visita al Santuario y a la Basílica de san Ignacio de Loyola tuvo también un significado especial. Esta experiencia ayudó a las hermanas a comprender mejor la profunda conexión entre san Ignacio y la Madre Cándida, y a descubrir cómo la espiritualidad ignaciana despertó en ella un deseo cada vez mayor de hacer más por Dios y de entregarse generosamente al servicio de su Reino.

En esta tierra vasca, alejadas de las grandes ciudades y de la capital de España, la Virgen María tocó el corazón de dos personas valientes: San Ignacio y Santa Cándida, suscitando en ellos una profunda pasión por Dios y por la misión. Desde estas tierras sencillas, ambos fueron llamados a buscar caminos para conservar, anunciar y hacer crecer la fe en el corazón de las personas.

Una peregrinación que sigue dando fruto 

Después de varios días recorriendo y tocando de manera tan cercana las raíces y la historia de la Madre Cándida, las hermanas sienten crecer en ellas un amor más profundo hacia la Madre Cándida y comprenden mejor su deseo de fundar la Congregación. Fue una mujer con un corazón apasionado por Dios, que anhelaba acercar a las personas a Él y hacerle conocer y amar.

Hoy, muchos años después, podemos contemplar cómo aquella pasión por servir a Dios sigue dando fruto en nuestra realidad. Sus huellas permanecen vivas. Esta peregrinación no ha sido solamente un recorrido por lugares históricos. Ha sido, sobre todo, una peregrinación del corazón: un volver a las raíces para agradecer, recordar, comprender y renovar el deseo de seguir caminando tras las huellas de Jesús, con el corazón de la Madre Cándida.

El grupo de la Última Probación sigue adelante con la ruta de la Madre Fundadora. Reconociendo que conocer la historia en directo será de mucho provecho para sentir y gustar nuevamente sus historias vocacionales y encontrar sentidos nuevos al porqué, hace ya más de diez años, sintieron la llamada a la consagración total a Dios en esta congregación.

Hijas de Jesús
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