Seguimos avanzando en la Cuaresma, el primer domingo nos invitaba a reconocer que el pecado rompe, pero Dios recrea; donde la muerte se expande, la gracia sobreabunda. En el segundo domingo, resonó con fuerza la vocación como don y llamada. El tercer domingo nos invitaba a estar presentes para acompañar la vida y sostener la esperanza. El cuarto domingo a caminar como hijos e hijas de la luz.
Vamos acercándonos al final de la Cuaresma, y la vida nueva que anuncia la Pascua es obra del Espíritu que habita en nosotros. Él habita en cada persona y nos impulsa a caminar juntos. Él es quien da unidad, fecundidad y futuro al cuerpo entero.
El sueño de la Familia Carismática nace de esta convicción: no caminamos solos, sino en comunión, compartiendo misión, dones y responsabilidades. Tejer el sueño de la Familia Carismática no es tanto un proyecto organizativo, sino una llamada a dejarnos conducir por el Espíritu, caminando juntos —laicos e Hijas de Jesús— en comunión, carisma y misión compartida. Abrirnos al Espíritu es atrevernos a construir juntos algo nuevo, más evangélico y más fecundo. La Cuaresma nos ayuda a esta apertura confiada.
El Espíritu del que resucitó a Jesús habita en vosotros
Hermanos: Los que viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios. Pero vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Pues bien, si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Rm. 8,8-11
Presencias apostólicas que evangelizan y transforman.
Resuena con fuerza un anhelo compartido por laicos e Hijas de Jesús: tejer el sueño de la Familia Carismática. El sentir unánime que emerge de esta Congregación General es la convicción de que necesitamos avanzar con determinación en la clarificación y comprensión de lo que implica. Para hacer realidad este deseo, vemos la necesidad de constituir una comisión integrada por laicos e Hijas de Jesús, que impulse de manera conjunta este discernimiento. Det. CGXIX n. 26
Pregunta para el discernimiento
¿Cómo podemos crecer en comunión y corresponsabilidad para vivir y transmitir hoy el carisma compartido?
Propuesta de oración ignaciana



