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Hijas de Jesús en Cuba: el testimonio de Rosa y Enriqueta

Ago 18, 2026 | Brasil-Caribe, Cuba, Destacado, fi, Hijas de Jesús, Vida Religiosa

Compartimos con alegría este testimonio, publicado originalmente en la página de Facebook de Vida Cristiana en Cuba que, tal como expresa, recoge la historia de dos Hijas de Jesús españolas que, ya en edad de jubilación, dijeron sí a Cuba.

El texto: «𝗥𝗢𝗦𝗔 𝗬 𝗘𝗡𝗥𝗜𝗤𝗨𝗘𝗧𝗔, 𝗙𝗜: 𝗘𝗟 𝗖𝗨𝗔𝗥𝗧𝗢 𝗩𝗢𝗧𝗢 𝗘𝗡 𝗟𝗔 𝗘𝗗𝗔𝗗 𝗗𝗘 𝗟𝗔 𝗝𝗨𝗕𝗜𝗟𝗔𝗖𝗜Ó𝗡», escrito por Raquel Núñez Caro, lo compartimos a continuación de manera íntegra.

Dos vidas unidas por «diosidencias»

«Contar la historia de Rosa Orts Gonzalvez y Enriqueta Seva Ortuño, a grandes rasgos, las dos religiosas de la congregación Hijas de Jesús, conocidas como jesuitinas, es un compromiso lleno de admiración.

Ambas son oriundas de Elche, en la Comunidad Valenciana, y les unen muchas coincidencias, o «diosidencias»: nacieron en el mismo lugar y entraron a la vida religiosa en Granada el 24 de septiembre de 1981, donde pasaron juntas el postulantado, el noviciado y el juniorado, las tres etapas iniciales en la formación de cualquier orden o congregación. Concluidas estas, nunca más coincidieron en la misma comunidad, aunque desarrollaron casi las mismas pastorales: trabajo en zonas rurales, con comunidades gitanas y de migrantes, colegios de la congregación y escuelas públicas.

Sin embargo, les esperaba un desafío jamás imaginado: venir a América, como se suele decir en España, después de alcanzar ya la edad de la jubilación, al menos oficialmente hablando.

El cuarto voto: la disponibilidad

He aquí donde entra en juego el cuarto voto. Para la vida religiosa existen los tres votos canónicos, conocidos por todos: castidad, pobreza y obediencia. Para algunas congregaciones, sin embargo, puede existir un cuarto voto; por ejemplo, es harto conocido el de los jesuitas: la obediencia al papa. Pues bien, las Hijas de Jesús también tienen uno: el voto de la disponibilidad.

Es por ello que, ante el destino ofrecido por su superiora general, dijeron sí, con la mayor naturalidad y sin dudar de que Cuba era el lugar en que Dios las quería en esta nueva etapa. Es curioso que, meses antes, la madre general había mandado cartas a las comunidades solicitando ofrecimientos para venir a Cuba; ellas no contestaron y fueron las elegidas. En ello, los creyentes vemos la luz del Espíritu Santo en el discernimiento de los superiores. Fue simbólico que la madre general les comunicara la decisión del nuevo envío un 3 de diciembre, día de Francisco Javier, el gran misionero, patrono de los que van a llevar a Jesucristo a tierras lejanas.

La llegada a Cuba

Y a Cuba —que se dice fácil, pero los que peregrinamos en esta tierra sabemos que no lo es— vivimos bajo la mayor crisis social, económica, política y migratoria de los últimos sesenta años.

Rosa y Enriqueta arribaron a esta isla el 28 de julio de 2023, siendo recibidas en La Habana por la Hna. Raquel Amigot, FI, y rápidamente se trasladaron al lugar donde viven y trabajan las jesuitinas: Bayamo. Conversando con ellas, les pregunté sus primeras impresiones: llegar a la terminal de guaguas bayamesa les pareció un lugar devastado por la guerra, y una de ellas recordó los cuentos que su padre le contaba sobre la Guerra Civil española. Sin embargo, a pesar de esto, estaban felices y confiadas.

La labor pastoral de Rosa y Enriqueta

Hoy desarrollan amplias labores pastorales. Rosa trabaja en la casa de formación de la diócesis, de la cual es coordinadora, y va a los barrios periféricos a las celebraciones de la palabra y los catecumenados de adultos. Como dice ella: «también me dedico a resolver la vida cotidiana: colas, mandados, aprovechar las horas de corriente y todo lo que sabemos los cubanos de a pie implica resolver el día a día».

Enriqueta, Enri, como le llaman, también se dedica a «resolver la vida cotidiana», pero no la suya ni la de las hermanas, sino la de muchos ancianos vulnerables, a quienes les hace la cola en la farmacia —levantándose no pocas veces a las cuatro de la madrugada— y les lleva la comunión. Sobre todo, les dedica la pastoral del tiempo: pasar ratos con ellos, con los que están más solos. Además, ayuda en la catedral, en el coro, y en todo lo que se le solicite.

Y, como si todo esto fuera poco, cada quince días suben a Buey Arriba, un poblado grande de la Sierra Maestra, y permanecen el fin de semana en la parroquia, haciendo todo lo que se hace en una parroquia, junto al P. Karol, misionero polaco.

Palabras que quedan

Al final del artículo, cada una nos regala unas palabras a modo de deseo, consejo o, por qué no, incluso de arenga. 

Las de Enri son:

 «Vivan desde la esperanza y siempre caminando, seguir caminando siempre».

Enriqueta Seva Ortuño

Y éstas son las de Rosa: 

«Despierten, muchas cosas solo se entienden cuando se viven: la esperanza, manos abiertas para trabajar por Cuba y reconstruir desde la justicia para todos».

Rosa Orts Gonzalvez

Gracias, hermanas, por venir a esta tierra a caminar con nosotros; son ustedes señal inequívoca de que Dios no abandona.»

El cuarto voto, hoy

El testimonio de Rosa y Enriqueta es, en el fondo, el voto de la disponibilidad hecho vida cotidiana. Quien quiera profundizar en el origen y el sentido de este compromiso puede leer Nuestro cuarto voto: disponibilidad para la misión, documento fruto de un estudio realizado por una comisión del Instituto entre 1982 y 1983, que reflexiona sobre lo que significa para las Hijas de Jesús comprometerse a ir «a cualquier parte del mundo» que la obediencia señale, tal como lo vivió la propia Madre Cándida. 

El texto está disponible para su lectura en la sección recursos de nuestra web.

Hijas de Jesús
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