Ayer comenzábamos la Semana Santa con el Domingo de Ramos, entrando en ella con Jesús, dejándonos tocar por su humildad, Hoy, Lunes Santo, se nos invita a detenernos en lo esencial: amar sin medida y cuidar con ternura lo frágil.
En Betania, un gesto de amor llena de perfume toda la casa. Cuando alguien ama de verdad, el bien se expande y alcanza mucho más de lo que imaginamos. Así es el amor verdadero: no calcula, no mide, no se guarda. Es un amor que sabe detenerse, como lo hacía Jesús, siempre atento a quien necesitaba “Vida”.
Hoy, en medio de nuestro mundo, también nosotros estamos llamados a encarnar ese amor concreto y gratuito. Un amor que responde a la realidad que nos está urgiendo a entendernos de un modo nuevo como Hijas de Jesús (CG XIX), un amor que no pasa de largo ante el dolor, que se implica y cuida.
Por eso, la Palabra y la vida nos preguntan con sencillez y profundidad:
¿Dónde estoy llamado hoy a cuidar con más gratuidad?
Quizá la respuesta se vuelve gesto en lo cotidiano: una llamada, un mensaje a alguien que lo esté pasando mal. Un acto bueno hecho en silencio, sin esperar reconocimiento. Pequeños gestos que, como el perfume en Betania, llenan la casa del mundo de vida nueva.
Y desde ahí, oramos juntos: Señor, haznos personas que cuidan.



