Seguimos avanzando en este tiempo pascual, dejándonos guiar por el Resucitado que, domingo a domingo, nos muestra el rostro de una vida nueva. Si hemos aprendido a acoger su paz, a reconocer su presencia y a elegirla en nuestra vida cotidiana, hoy Jesús nos invita a algo más profundo: a caminar con Él.
El Evangelio de este domingo (Jn 14, 1-12) nos regala una de las afirmaciones más conocidas y desafiantes de Jesús: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. No se trata solo de una enseñanza, sino de una invitación a recorrer un camino concreto, a vivir desde una verdad que libera y a participar de una vida plena que Él mismo nos ofrece.
La luz de la Pascua, recogida en el mensaje del Papa León XIV, nos abre el horizonte: “La resurrección de Cristo es el comienzo de la nueva humanidad, es la entrada a la verdadera tierra prometida, donde reinan la justicia, la libertad y la paz, donde todos se reconocen como hermanos y hermanas, hijos del mismo Padre que es Amor, Vida y Luz.”
Esta es la meta del camino: una humanidad reconciliada, donde la paz no sea un ideal lejano, sino una realidad vivida.
Desde el Gobierno General de las Hijas de Jesús, se nos plantea una pregunta que nos sitúa en lo concreto: “¿Qué relaciones, espacios o decisiones necesitan hoy que yo llegue como portadora de paz?”
Caminar creando fraternidad
Seguir a Jesús es dejarnos transformar en el camino. Es aprender a mirar a los demás como hermanos y hermanas, a construir vínculos nuevos, a sanar relaciones, a abrir espacios donde la paz pueda crecer.
Hoy, el mundo necesita personas que encarnen este camino: que construyan justicia, que promuevan la libertad, que siembren paz en lo cotidiano.
Jesús no solo nos muestra el camino… Él mismo es el camino. Y caminar con Él es caminar hacia una vida que se comparte, que se entrega y que construye fraternidad.
Oración
Jesús resucitado, gracias porque nos enseñas caminos concretos de paz.
Que nos reconozcamos todos como hermanos.
Venga a nosotros tu paz.



