Seguimos avanzando en este tiempo pascual, dejándonos guiar por el Resucitado que nos ha salido al encuentro, que nos ha regalado su paz y nos ha enseñado a reconocer su presencia en medio de la vida. El Resucitado que se hace camino, verdad y vida, presencia que acompaña y construye paz. Hoy damos un paso más: Jesús nos envía. La Pascua no se queda en experiencia interior, se convierte en misión compartida.
El Evangelio de este día (Mt 28, 16-20) nos sitúa en ese momento decisivo en el que Jesús confía a sus discípulos una tarea universal: “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos… Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos”. s Es un envío misionero y una promesa: no vamos solas, Él camina con nosotros.
Jesús descubre que el centro de su vida está en Dios. Descubrir a Dios como fundamento, es fuente de una inesperada humanidad. La experiencia personal de Dios será el camino para la manifestación de la más alta humanidad. El envío de Jesús es a que toda persona pueda vivir esto.
Así, la luz de la Pascua nos invita a mirar el mundo con esperanza, incluso en medio del dolor. En su mensaje de Pascua, el Papa León XIV nos invitaba a poner nuestra confianza en Él: “Al Señor encomendamos todos los corazones que sufren y esperan la verdadera paz que sólo Él puede dar. ¡Confiemos en Él y abrámosle nuestro corazón! Sólo Él hace nuevas todas las cosas.”
Desde el Gobierno General de las Hijas de Jesús, recibimos una invitación que nos aterriza en lo concreto: ser presencia que anuncia, que consuela y que lleva la paz allí donde más se necesita.
Enviadas a estar cerca
La misión que Jesús nos confía no es lejana ni abstracta. Es profundamente concreta. Se trata de salir, de acercarnos, de entrar en las realidades de los otros con respeto y amor.
Seamos mujeres que, como María Magdalena, corran a anunciar Vida. El mundo necesita testigos que no solo hablen de Jesús, sino que hagan presente su modo de amar, de acoger y de reconciliar.
Hoy, tantas personas viven en medio de conflictos, incertidumbres y búsquedas profundas. Nuestra misión es sencilla y exigente a la vez: estar, acompañar, escuchar, sostener… y confiar en que Dios ya está actuando en cada corazón.
Jesús no solo nos envía… Él permanece con nosotros. Y esa presencia es la fuerza que sostiene cada paso, cada palabra y cada gesto de amor que sembramos en el camino.
Oración
Jesús resucitado, gracias porque nos envías a ser instrumento de tu paz en el mundo.
Te encomendamos cada guerra y cada corazón herido.
Venga a nosotros tu paz.



